A emma Suárez la adoro desde las primeras ediciones de los Premis Turia (Foto: Turia).
BANDERAS, BANDERINES Y BANDEROLAS
Crónica golfa del Festival de Málaga

Querido Frank:
Después de la santurrona semana de cachirulos y capirotes, he podido liberar mis instintos más primarios (colarme en fiestas, beber cerveza gratis, importunar famosos) en el XII Festival de Cine Español de Málaga. En esta edición, Carmelo Romero (veterano profesional del cine y amigo de la Turia) ha sustituido en la dirección del evento a Salomón Castiel, que fue quien creó e hizo crecer al festival desde la nada hasta convertirlo en una de las principales citas cinematográficas en nuestro país.
Gracias a la invitación de Salvi García, me fui en burro taxi a la capital de la Costa del Sol en compañía de la hermosa letrada Nieves Sanjuan y Pupiti Escópico, con el fin de asistir a la inauguración del festival, que este año tenía como plato fuerte la presencia de Antonio Banderas. Al marido de la Melanie casi no lo vi, porque estaba rodeado en la inauguración por un denso nubarrón de banderines y banderolas, es decir, familiares, amigos y conocidos, con los que departía alegremente. “Antouniou” me pareció retaquito y simpático. Además de los banderines y las banderolas de Banderas, la mitad de los invitados a la fiesta de inauguración, que se celebró en una especie de vivero bajo una lluvia torrencial, estaba conformada por concejales de la ciudad de Málaga y provincia, acompañados por sus familiares, amigos y conocidos. La otra mitad la constituía gente famélica y sin invitación que aseguraba venir de parte de Antonio Lloréns. Tal vez exagero. Me fijé en Emma Suárez, a la que adoro desde las primeras fiestas de los primeros Premios Turia, cuando venía acompañada por Gerardo Gormezano y Julio Medem. A la dulce Emma me hubiese gustado balbucearle tiernamente al oído: “Yo quiero que nos veamos con tranquilidad para hablar de lo nuestro... que es muy bonito, te quiero un huevo”. Emma Suárez y la ex pugilística Etxebarría formaban parte del jurado de la Sección Oficial, junto a mi compatriota Sergio Cabrera y Alex de la Iglesia, que ahora tiene una acompañante espectacular y muy simpática llamada Carolina, “from Norway”. Ignoro si la joven vikinga es la protagonista de la próxima película de Alex o si simplemente es su ahijada o su sobrina.
En los días siguientes de mi estancia, pude beber gazpacho y comer porra antequerana con muchos amigos de siempre y algunos Premios Turia: el solícito cónsul valenciano Pedro Marín y Coral, Carlos Rosado (“el señor mayor”) y Piluca, el dicharachero Antonio Pérez, Rafa Maluenda, Juan Luis Galiardo, Quico Martínez, Gerardo Herrero, Piluca Baquero, Antonio Mansilla, Xavi Crespo, Javier Angulo, Antonio Dechent, Luisa Sempere, Rosa García, Guillermo Hernáiz, Jairo Cruz, Jaime Noguera (“sex-machine”) y el bello quinteto de musas trepidantes formado por Selina, Mercedes, Rocío, Joana y María Luisa. También tuve oportunidad de felicitar a Ángeles González-Sinde, guionista, directora, ex presidenta de la Academia de Cine y ahora ministra de Cultura. Es un encanto de mujer, culta y preparada, a la que aprecio y admiro. Bajo la mirada escrutante de sus fornidos guardaespaldas, le recordé a la Excelentísima Ángeles cuando fue premiada en los Premios Turia. Me hubiese gustado preguntarle si tiene problemas con el eMule, pero no me atreví. Me he dado cuenta de que la Turia tiene un efecto paranormal en la libreta azul de Zapatero a la hora de nombrar ministros. Tanto Bernat Soria (cesante ministro de Sanidad) como Ángeles González-Sinde fueron premiados por la cartelera antes de llevar a cuestas la pesada cartera de ministros. ¿Se lo preguntamos a Iker Jiménez?
Ya para concluir, quisiera anotar que el Festival de Málaga ha vuelto a tener esa intensidad histérica, luminosa y espectacular generada en parte por el alboroto de miles de jovencitas desquiciadas que querían ver o saludar a Amaia Salamanca, Hugo Silva, Miguel Ángel Muñoz, Mario Casas y otras jóvenes estrellas de las series televisivas. El efecto de esta locura colectiva es similar al Dragón Khan de Pont Aventura: cada vez que uno de esos chavalitos de la tele salía del hotel Málaga Palacio o pisaba la alfombra roja del Teatro Cervantes se escuchaba un atronador coro de agudos alaridos histéricos, como en el descenso de una montaña rusa. Bueno, Frank, creo que te lo he contado todo y lo que no te contado es porque no me acuerdo. Un abrazo.

CASTO ESCÓPICO