Querido Casto:
La candidatura a senadora por el estado de Louisiana por parte de Stormy Daniels me ha llenado de alegría. Por una parte porque, si es elegida, la actriz nunca aceptará trajes gratis, ya que no forman parte de sus instrumentos de trabajo, y los habitantes de aquel estado no tendrán a una senadora imputada que se resiste a dimitir echándole la culpa al sistema judicial. Por otra, porque conocí a Stormy hace tres años, cuando visitó el Festival de Cine Erótico de Barcelona, y tuve la oportunidad de poder conversar con ella. Me pareció una chica inteligente, con las ideas muy claras, y de una sobrecogedora belleza.
Ojalá Stormy gane en su carrera hacia el Congreso norteamericano, aunque nunca puede salir triunfadora de los premios más curiosos que otorga el mundo de la ciencia. No me estoy refiriendo a los Nobel, que, como sabrás, premian a investigaciones que nunca tienen una aplicación efectiva sobre la vida de los ciudadanos y que han distinguido a gente como Henry Kissinger, pese a que fue el ideólogo del golpe militar en Chile o autor intelectual de los bombardeos sobre Laos y Camboya. Sino a los Ig Nobel Prize, unos galardones instaurados en 1991 por la revista norteamericana “Improbable Research” y que premia anualmente a aquellos descubrimientos científicos que no sirven absolutamente para nada, es decir, a gente que investiga sobre gilipolleces.
Para que lo entiendas mejor, los Ig Nobel Prize (algo así como los Premios Innobel) distinguieron el año pasado a los siguientes trabajos de investigación. En el apartado de nutrición ganaron un estudioso de la Universidad de Trento y otro de la de Oxford que modificaron electrónicamente el sonido de las papas para que el consumidor piense que son más buenas de lo que realmente son. El de biología fue para tres franceses que descubrieron que las moscas que viven en los perros pueden saltar más alto que las que viven en los gatos. El de medicina se lo llevaron unos doctores americanos que demostraron que los medicamentos falsos caros son más efectivos que los baratos. El de física lo ganaron unos investigadores que pasaron un año para verificar, mediante una fórmula matemática, que una maraña de cuerdas se anudará inevitablemente por ella misma. El premio de química lo compartieron tres científicos de diferentes universidades que probaron que la Coca-cola es un efectivo espermicida. El de economía lo consiguió, tras ardua labor de campo, un estudioso que demostró que las bailarinas de estriptis ganan más dinero cuando están ovulando. Y el de la paz fue a parar a una organización gubernamental suiza que convirtió en ley el principio de que las plantas tienen dignidad.
Como verás, los premios que otorga esta peculiar organización parecen sacados de un libro sobre el profesor Bacterio. Sin embargo, los Ig Nobel Prize gozan de gran prestigio entre el mundo de las investigaciones inútiles y muchos de los vencedores suelen acudir a la ceremonia a recoger su galardón, que otorga un comité creado al efecto. En la nómina de ganadores en años anteriores figuran tres españoles, que fueron premiados por el invento de una máquina automática para lavar perros, un trabajo titulado “la velocidad ultrasónica en el queso cheddar se ve afectada por la temperatura” y por un estudio que demostraba que las ratas no pueden diferenciar entre el holandés hablado al revés y el japonés hablado al revés.
Un repaso al palmarés de los Ig Nobel Prize nos descubre distinciones a trabajos sobre los beneficios del Viagra para que los hamsters se recuperen del jet-lag, los efectos de la música country en el suicidio, el invento de testículos artificiales para perros en tres tamaños y tres grados de rigidez, la necrofilia homosexual del ánade real, los efectos secundarios de tragarse espadas, la causa de que los pájaros carpinteros no tengan dolor de cabeza, la revelación de que las hembras de mosquito que contagia la malaria se ven atraídas de la misma manera por el olor del queso limburger que por el de los pies humanos, o el descubrimiento de una arma letal que lanzada, en forma de bomba, sobre los soldados enemigos produce una irresistible atracción homosexual entre ellos y que fue bautizada como “bomba gay”. La desternillante lista completa está en la página web http://improbable.com/.
Un saludo científico.
FRANK LASECCA |