Belén Esteban ha montado una bronca con motivo de la primera comunión de su hija.
SUS PRIMERAS HOSTIAS
 

Querido Frank:
Leo con ojos estupefactos tu artículo sobre los inventos marcianos y los artefactos jupiterinos que se presentan a los Ig Nobel Prize. Desde luego, la peña está muy rayada. Si tuviese un mínimo talento científico, me hubiese gustado inventarme un generador de excusas verosímiles para librarme educadamente de las cuatro comuniones a las que me ha tocado asistir en este pasado y florido mes de mayo. Parafraseando el título de aquella comedia sosa protagonizada por el aún más soso de Hugh Grant, mi mes de mayo ha consistido en “Cuatro comuniones y un dineral”.
La Iglesia Católica nos insiste en que mayo es el mes de las flores, de la madre (afortunadamente no hay más que una) y de María (“nuestra dulce Madre del Cielo”, leo en Catholic.net), pero debería serlo también de “la maría”, puesto que sólo muy fumado se puede soportar la engorrosa obligación de vestirte de dominguero, acercarte hasta la iglesia del pueblo o la parroquia del barrio y luego pegarte el atracón de ensaladilla, langostinos en mal estado, entrecot a la suela de zapato y tarta reblandecida de chocolate en un restaurante de polígono industrial. Las cuatro comuniones que me he tenido que tragar con guarnición de patatas han sido de una sencillez y humildad más proletaria que cristiana, pero no por ello profundamente tediosas e irritantes. Con mi único traje y mi única corbata para todas las BBC (Bodas, Bautizos y Comuniones) he repetido banquete y menú en el Mesón La Barrica (local climatizado) de mi pueblo en las comuniones de mis dos sobrinas Soraya y Estefanía, casi reviento en una fonda próxima a Villagordo del Cabriel en la comunión del hijo de una compañera de trabajo y finalmente tuve que poner paz entre dos invitados borrachos y pendencieros en la cafetería Oasis de Marxalenes, donde se celebraba la comunión del churumbel del Gervasio (mi antiguo camello), al que ya le han dado la condicional. Al menos, esta última comunión no acabó como una que se celebró recientemente en Valladolid, en la que dos cuñados mal avenidos se liaron a hostias por el lanzamiento de un trozo de pan (¿un pedazo del cuerpo de Cristo?). La gresca derivó en batalla campal y tuvieron que intervenir tres patrullas de la policía municipal y el servicio de urgencias para atender a la niña comulgante con un ataque de ansiedad y hospitalizar a su abuelo con un amago de infarto.
Ahora, Frank, quiero hacerte una pregunta chorra de trivial rosa, que seguramente me sabrás responder. ¿Qué dos cosas en común tienen Zaira Gutiérrez de Benito, Andrea Janeiro Esteban, Aura Díaz Martín y Victoria Federica Marichalar de Borbón? Muy sencillo. Que todas ellas han celebrado su primera comunión este año y que las cuatro niñas son hijas de padres famosos separados (“Guti” y Arancha de Benito, Jesulín y Belén Esteban, Manuel Díaz “El Cordobés” y Vicky Martín Berrocal, la Infanta Elena y Marichalar). Resulta curioso que muchos padres tras cagarla con el sacramento del matrimonio aún tengan el ánimo para juntarse, hacer buena cara y celebrar las primeras comuniones de los hijos en común, como si no pasara nada. Pero, en ocasiones, sí que pasa. No hay más que ver la bronca teatral que ha montado la temperamental Belén Esteban contra el clan Janeiro con el motivo de la primera comunión de su hija Andreita, la que no se come el pollo. El motivo de la discordia es que la familia de Jesulín de Ubrique no se quedó al convite y se llevó el jamón de los entremeses. No deja de ser paradójico que Andreita, pero también las hijas de “Guti” y “El Cordobés”, aparezcan en los reportajes televisivos y de la prensa de corazón con los ojos pixelados, como seres anónimos, cuando se supone que son las protagonistas de un evento social de una gran repercusión mediática. Más que preservar su intimidad, con este siniestro procedimiento electrónico las comulgantes parecían almas en pena, como los fantasmas infantiles de Los Otros o El orfanato. No se muy bien por qué pero del borrado digital de los ojos se han librado Victoria Federica Marichalar de Borbón y sus primos Juan y Pablo, los dos hijos mayores de esa pareja dentrífica y feliz conformada por la infanta Cristina y el beato Urdangarín, que también han celebrado sus comuniones aprovechando una oferta de 2 x 1 de familia numerosa. De este calvario de mayo, con sus cruces, hostias y flores a María, tan sólo me alegro de las tres copas del Barça y de las que me he bebido a la salud de mi equipo para celebrarlo. Un abrazo.

CASTO ESCÓPICO