John Belushi era una máquina de gastar dinero (Foto: Turia).
EL REY DE LA COMEDIA
 

Querido Casto:
No comparto tu fascinación por el mundo de la moda, principalmente porque es una disciplina que desconozco y del que la idea más aproximada que tengo es la que transmite Zoolander, la desternillante parodia que hizo hace unos años Ben Stiller. Mi interés por el universo de la moda se limita a la época de las rebajas, en la que suelo aprovisionarme de ropa para la siguiente temporada, aunque sean unos tristes vaqueros y una camiseta con diseño psicodélico cuyo precio original supera en mucho a su calidad.
Mientras tú asistes a desfiles de moda y te relacionas con sus creadores, yo he leído en la última semana una de esas biografías que ponen los pelos de punta. Se trata del relato de la corta vida del actor norteamericano John Belushi, uno de los grandes cómicos de la década de los ochenta del siglo pasado, escrito por el periodista Bob Woodward. Se trata de un libro publicado en los Estados Unidos hace ahora 25 años y realizado por uno de los investigadores que sacó a la luz las corruptelas políticas de Richard Nixon en el caso Watergate, que acaba de salir a la venta en España con el título de “Como una moto”. Como sabes, John Belushi apareció muerto en un lujoso hotel de Los Angeles el 5 de marzo de 1982 a los 33 años de edad, después de haber pasado varios días consumiendo cocaína y heroína en cantidades muy superiores a las que cualquier ser humano puede tolerar. Woodward conoció la noticia e inició un trabajo de investigación para averiguar qué es lo que había llevado al actor a esa espiral de autodestrucción que le costaría la vida. El resultado es una espeluznante narración que desmenuza la vida de Belushi, desde su niñez y adolescencia en Chicago hasta los días en que era considerado el principal actor cómico de Hollywood y ganaba casi dos millones de dólares por cada una de las películas en las que participaba, y que se detiene, de forma exhaustiva, en los últimos meses de la vida del protagonista de películas como Granujas a todo ritmo o 1941.
A pesar de mi formación cinéfila, siempre he sido un apasionado admirador de la comedia norteamericana de los 80, esa que puso de moda las hermandades universitarias en las que los tipos más lerdos intentaban ligarse a las compañeras de las fraternidades femeninas a base de eructos y pedos. Desmadre a la americana, la película de John Landis que inauguró ese subgénero, contiene uno de los personajes más facinantes de la historia del cine: un tipo gordo, guarro, deplorable y excesivo que se hace llamar Bluto y que interpretaba John Belushi. Belushi, un tipo proveniente de una familia de origen albanés, había llegado al reparto del filme gracias a su trabajo en el mítico programa de la televisión norteamericana “Saturday Night Live”, el espacio de humor más seguido por los estadounidenses a lo largo de la historia. Era un actor con extraordinaria capacidad para la improvisación, que hacía suyos todos los personajes que interpretaba porque, como norma general, encarnaba a tipos excesivos y arrolladores.
John Belushi se encasilló en ese tipo de personajes en las siete películas en las que participó porque se adaptaban a su personalidad como anillo al dedo. Amigo de las fiestas, Belushi se aficionó peligrosamente a la coca cuando trabajaba en la televisión, donde el polvo blanco corría alegremente por el plató y por las narices de actores como Dan Aykroyd, Chevy Chase o Bill Murray. Pero mientras estos lograron controlar su consumo y que su vicio no afectara a su vida profesional y personal, Belushi integró las drogas en su existencia, hasta el punto de que las tomaba cuando escribía guiones para permanecer despierto, cuando actuaba para no desfallecer, cuando descansaba para relajarse y cuando salía de fiesta como elemento recreativo. En un estado de permanente colocón, John Belushi era una máquina de gastar dinero, capaz de alquilar una limusina durante una noche y dejarla, con el conductor dentro, durante toda una noche en el apartamento de una discoteca mientras él iba de fiesta en fiesta en taxi. En los últimos días de su vida, Belushi descubrió que la heroína le bajaba el subidón de la coca y se inyectaba las peligrosas “speedball”, una combinación de ambas drogas que le acarrearía la muerte. Pero de este actor excesivo en todos los sentidos, desde su aspecto físico hasta su forma de comportarse, nos queda su obra. Algo más de media docena de películas y toda la serie de impagables sketchs para televisión en los que volcó todo su increíble talento.
Un saludo.


FRANK LASECCA