Me da miedo pasear por la ciudad no sea que me muerda en la yugular un dentado repollo de Ripollés (Foto: Turia).
HUMOR Y ARTE MODERNO
 

Querido Frank: Mis triglicéridos y transaminasas ya están temblando de pavor y padecen vértigo al pensar en la altura alpina que pueden alcanzar en estos días de tanta ingesta etílica y calórica. De hecho, cuando te llegue está carta, posiblemente la leerás con el resacón en las cejas de la tradicional cena navideña que organiza la Turia para sus proletarios y pequeño-burgueses colaboradores. En esta ocasión, sin embargo, no quiero amargarte con mi dickensiano cuento de Navidad, cada año más pesimista y fiel a la mala leche de Ebenezer Scrooge.
Prefiero hablar de humor y arte moderno, aunque parezcan términos contradictorios. En realidad, son términos casi sinónimos, porque últimamente producen risa los marujeos del mundillo artístico local, con sus rencillas entre comisarios y sheriffs del condado por hacerse con el mejor semental de la cuadra, controlar los salones de baile del Dakota y decidir qué artistas son de pura o impura natione, seguramente a través de exámenes de sangre, orina y otros fluidos corporales. “Lo que hago es una mierda, pero es cien por cien valenciana”, recomiendo a los artistas que respondan tras las analíticas.
También da mucha risa el elevado número de avejentados (más que aventajados) discípulos del pastoril Ripollés (artista oficial de Fabralandia) y de imitadores del maestro Palmero (el impresionista extremeño que mejor pintó Notre-Dame de Paris sin salir de su casa) que consiguen depositar sus zurullos y cagarrutas por las salas de exposiciones, galerías, centros comerciales, restaurantes, bares, rotondas y plazas de Valencia. Últimamente, me da miedo pasear por la ciudad, no sea que me muerda en la yugular un dentado repollo de Ripollés o que me caiga encima un michelín de Botero. Sin ánimo de parecer un carcamal reaccionario, creo que también producen hilaridad psicotrópica todas las farsas, mentiras y engaños que generan las instalaciones, pero no las eléctricas ni las de fontanería, sino las artísticas, ese territorio donde todo cabe, todo es posible, no hay fronteras ni restricciones, pero sí hay mucha cháchara y mucho blablablá para justificar tanta impostura. Precisamente, las instalaciones artísticas y el papanatismo de algunos críticos especializados son uno de los principales temas de los archivos sonoros de humor que circulan por Internet protagonizados por una deslenguada pintora aficionada de Sevilla (María) que mantiene absurdas conversaciones sobre arte con sus vecinas del barrio y conferencias de larga distancia con una pareja de sofisticados galeristas neoyorquinos (Robert y Melissa Hindell) que intenta convencerla para que monte sus instalaciones de fajas enterizas y pájaros muertos en Manhattan, mientras ella insiste en exponer sus cuadros de crisantemos y bodegones.
Las grabaciones telefónicas de la procaz pintora aficionada de Sevilla se encuentran en el “Políptico de Melissa Hindell”, dentro de la página web del inquieto y polifacético artista sevillano Manuel Domínguez Guerra (www.guerrarte.com) y son una de las críticas más divertidas a ciertas insensateces del arte contemporáneo. El éxito de la pintora María y la galerista Melissa Hindell ha conseguido que ya haya vídeos colgados en youtube protagonizados por travesties que escenifican sus conversaciones. Espero que las oigas pronto, son muy fáciles de encontrar. Te descojonarás. Un abrazo.

CASTO ESCÓPICO