En el Circo Gran Fele domina la ingenuidad por encima de la grandiosidad (Foto: García Poveda).
TARZÁN (AQUÍ NO SALE)
CIRCO GRAN FELE = CIRCO TEATRAL

Estamos en Navidad, por tanto es época de circos en Valencia.  Pero, como ya es habitual, desde hace cerca de dos décadas, vuelve a haber una carpa especial: la del Circo Gran Fele. En esta ocasión ha cambiado de lugar, y está instalada frente al Palau de les Arts Reina Sofía. Pero el espíritu sigue siendo el mismo desde sus inicios, en 1993. El Gran Fele, al unísono de un amplio movimiento europeo, se lanzó a un viaje de ciencia-ficción, a la búsqueda del circo perdido, del circo modernista, de aquel circo en el que dominaba la plástica sobre la espectacularidad, la ingenuidad (por ello se llamaba del mayor espectáculo del mundo) por encima de la grandiosidad.
Una apuesta que ha sido recientemente compensada por la obtención del Premio Nacional de Circo 2009. El Ministerio de Cultura dio cuenta de este galardón con el siguiente argumento: “Por su trayectoria creativa, su labor de recuperación y restauración del circo, por la formación de jóvenes artistas, la colaboración con universidades y la divulgación del circo español en ámbitos internacionales”.
Así, pues, esta compañía fue de las primeras en el Estado español que comenzó a romper con el estilo predominante, el del llamado circo americano en el que impera la conjunción de números sueltos sin ningún ton ni ningún son, para conformar un hilo argumental que uniera, diera sentido (teatralidad) a los números circenses, y, así, conseguir, que todos tengan un por qué dentro del escenario. Pero el objetivo no es lograr una historia narrada, sino visual.  Todo ello inmerso de una estética en la que no cuentan los animales reales y enjaulados  (ni falta que hacen), pero sí la ingenuidad libre. Por ello cada año se cambia el título del espectáculo, la atmósfera.
El espectáculo de este año, el que la compañía presenta por vez primera tras recibir el señalado Premio el pasado mes de junio, y que se podrá ver hasta el 10 de enero,  parte de una versión libre (muy libre y disparatada) del célebre personaje de Tarzán creado por el escritor Edgar Rice Burroughs. La obra relata las peripecias de un grupo de exploradores que llegan al corazón de África, esperando encontrar con vida a John Clayton III, el hijo de una familia aristocrática desaparecida en la selva africana a finales del siglo XIX.  A partir de ahí llega el título irónico, Tarzán (Aquí no sale), ya que el Rey de los Monos no sale físicamente, y su presencia sólo se adivina por su conocido grito.      
Una excusa para abrirse a todo un mundo estético repleto de exploradores y que se desarrolla en una selva muy particular, poblada de animales mecánicos, títeres, muñecos de trapo, tribus africanas, un explorador convertido en hechicero, y hasta un singular león provoca el pánico a los asistentes. De ese modo, trapecistas, contorsionistas, escapistas, danzarinas del aire, malabaristas, payasos, hombres forzudos y músicos entrarán en el clima de una jungla en la que la iluminación también se convierte en protagonista. Toda una fauna que dará la bienvenida a los exploradores a ritmo de tan-tan y sonidos africanos (la música es en directo).
Rafael Pla, el alma mater de este proyecto, lo define de la siguiente manera: “Un círculo íntimo donde la belleza de la representación supera por sí misma la heroicidad del más difícil todavía. Un círculo íntimo, próximo, donde el espectador mira a los ojos al artista. Donde el artista siente las emociones de su público”.

ENRIQUE HERRERAS