Hace unos años jugaba en el Ros Casares una alero llamada Marta Fernández. Una chica rubia, con aspecto de buena estudiante, que destacaba por su velocidad en el contraataque y su capacidad para entrar a canasta. Formaba parte de un equipo en el que se habían juntado algunas de las mejores baloncestistas españolas del momento, como Amaya Valdemoro o Elisa Aguilar, en el que ofrecía un contrapunto de frescura por su forma de concebir el juego: era rápida, improvisadora y un tanto anárquica. Fuera de la cancha, Marta era una chica poco locuaz, a la que se le encendían los ojos cuando hablaba de su hermano.
Su hermano se llamaba Rodolfo, aunque todo el mundo lo conocía como Rudy. Había jugado en las categorías inferiores del Joventut de Badalona, una de las más prolíficas canteras del baloncesto catalán, y comenzaba a entrar, poco a poco, en las alineaciones del primer equipo. Los Fernández eran mallorquines, pero Rudy, unos años antes, había abandonado la isla para trasladarse a Badalona, lejos de su familia. En sus años como juvenil, Rudy fue una de esas promesas que parecía que se iba a comer el mundo si su progresión no se detenía. Con 17 años, Manel Comas le dio sus primeros minutos en la ACB, pero no sería hasta la temporada siguiente, la 2003-04, cuando Rudy adquirió un papel protagonista en su equipo. Fue nombrado mejor jugador de la Copa del Rey, pese a que el Joventut no ganó el título, y se ganó el derecho a disputar los Juegos Olímpicos de Atenas con la selección, en aquel infausto torneo en el que el equipo comandado por Pau Gasol se quedó fuera de las medallas por culpa de un absurdo cruce de cuartos de final contra la selección norteamericana, que había pasado la ronda previa con más pena que gloria.
Convertido ya en una de las estrellas del baloncesto nacional, Fernández contribuyó a escribir las páginas más brillantes del Joventut, con el que ganó una Eurocopa y una Copa del Rey, y de la selección, con la que consiguió el oro en el Mundial de Japón, la plata en el Europeo disputado en España y de nuevo la plata en los Juegos Olímpicos de Pekín. En la final de aquel torneo, Rudy, que ya se había comprometido con los Portland Trail Blazers para jugar en la NBA la temporada siguiente, realizó una de las jugadas más recordadas de la historia olímpica: un mate en carrera por encima del gigante estadounidense Dwight Howard que asombró al mundo.
En su primer año en la liga más importante del planeta, Rudy Fernández ha cumplido con nota. Pese a militar en un conjunto con aspiraciones, algo que en teoría debería restarle minutos por su condición de novato, se ha hecho con la titularidad y promedia más de diez puntos y tres rebotes en los 26 minutos que juega en cada partido. Unas cifras notables, que se ven acrecentadas por el espectáculo que brinda en la cancha un jugador capaz de hacer un mate estratosférico o de lanzar con bastante fiabilidad desde más allá de la línea de tres puntos. Algunas de las jugadas de Rudy con los Blazers figuran en las listas de los vídeos de baloncesto más vistos en la red.
Esa capacidad para machacar las canastas le dio la oportunidad de optar a participar en el concurso de mates del All-Star Weekend, que tendrá lugar en Phoenix del 20 al 22 de febrero. La NBA lo incluyó entre los candidatos para completar un concurso en el participarán Dwight Howard, Nate Robinson y Rudy Gay, y cuyo cuarto aspirante debía elegirlo el público en la página web de la liga. Rudy se lo tomó con humor e inició una divertida campaña, a través de su propio blog, en el que colgó un vídeo donde aparecía cantando con una guitarra española al tiempo que pedía el voto a todos los aficionados. A pesar de que la música no parece lo suyo, los seguidores del baloncesto le hicieron caso y más de un cuarto de millón de personas apoyó a Rudy en su intento de formar parte del cuarteto de saltarines que se lucirá en Phoenix.
Será el primer europeo que concursará en esa competición de gigantes elásticos con la que la NBA mezcla espectáculo y deporte. Rudy, que también se alineará con el equipo de novatos de la liga, dará su gran salto en la soleada Arizona y confirmará que su hermana Marta tenía razón. Que es un jugador de otra galaxia.
PACO GISBERT |