Cristina Mayo, directora técnica del Parc Sagunto, protestó ante las cámaras de Canal 9 por el abandono del balonmano femenino (Foto: García Poveda).
LA TRAGEDIA DEL BALONMANO FEMENINO

Acababa de finalizar el partido de ida de los octavos de final de la Recopa de Europa de balonmano femenino entre el Parc Sagunto y el Sport Club Luch ruso y, como suele ser habitual, la reportera de la televisión autonómica se acercó a Cristina Mayo, directora técnica del conjunto valenciano, para recabar sus impresiones sobre el encuentro. Cristina, que no tiene pelos en la lengua, obvió las preguntas de la pobre trabajadora de Canal 9 y lanzó un discurso, duro y certero, sobre las condiciones en las que se mueve el balonmano femenino en la Comunidad Valenciana. Desveló que sus jugadoras no cobran desde mediados del año pasado, que se siente abandonada por las instituciones públicas y que los medios de comunicación que pagamos todos han ninguneado este deporte hasta llevarlo al borde de la desaparición en poco más de un año.
Un par de años atrás, Valencia era la meca del balonmano femenino. Tres equipos valencianos, el Parc Sagunto, el Cementos La Unión Ribarroja y el Elda Prestigio, peleaban por todos los títulos, instalados en la elite de esta disciplina y paseando su nombre por Europa con buenos resultados. Con más esfuerzo que medios, Cristina Mayo, Gregorio García y Ángel Sandoval, directores técnicos de esos equipos, lograban lidiar con los problemas derivados de una disciplina deportiva que, para su desarrollo, necesita de las ayudas públicas. La situación se prolongó la temporada anterior, cuando el Elda y el Sagunto ganaron la liga y la copa respectivamente, para confirmar la supremacía del balonmano femenino valenciano, que ha conquistado los 26 campeonatos ligueros y 27 de las 29 copas disputadas hasta el momento.
Pero la política deportiva del gobierno popular en la Comunidad Valenciana cambió con la concesión de la America’s Cup a la capital. La Generalitat olvidó la política de apoyo a los clubes ya formados para apostar económicamente por los grandes eventos. La vela y el automovilismo, deportes con nula tradición entre los valencianos, se convirtieron en temas preferentes para insuflar dinero procedente de los presupuestos destinados al deporte, lo que conllevó dejar a los clubes de los deportes minoritarios abandonados a su suerte.
La liga de balonmano femenino la ganará este año, si no pasa nada raro, el Itxako navarro, el primer equipo no valenciano que conseguirá el título. Al conjunto de Estella le disputan el título el Mar Alicante, el Elda y el Sagunto, conjuntos que arrastran todavía la inercia de sus épocas gloriosas pese a transitar por graves problemas económicos. Cristina Mayo dejó claros cuáles son los del Parc Sagunto ante las cámaras de Punt 2, cuando tuvo un micrófono con el que expresarse. El Elda sobrevive a duras penas gracias a una gestión basada en los patrocinadores privados, buscados por el propio club a base de horas de pelea. El Cementos La Unión lucha por evitar el descenso de categoría sólo dos años después de haber ganado su última liga y tres desde el histórico doblete que logró en 2006, cuando, por primera vez en su historia, ganó la liga y la copa.
Más allá de la tragedia colectiva que supone la progresiva desaparición del balonmano femenino en la Comunidad Valenciana están las historias personales. Las de jugadoras que, vista la situación, han recuperado su carácter aficionado para buscar un trabajo con el que poder vivir, mientras juegan en el Sagunto o el Ribarroja para matar el gusanillo de practicar un deporte que les gusta. Las de alcaldes, como el de Ribarroja, que incumplen sus promesas y abandonan a su suerte a los clubes a los que han acogido en su localidad cuando ya no les sirven para sumar votos en las elecciones. Las de Mayo o García, impulsores del boom del balonmano femenino en Valencia, que luchan por sacar adelante una empresa titánica, en la que que todos, excepto ellos mismos, parecen estar por la labor de dejar que el balonmano femenino se muera en Valencia, como ya ocurrió con el masculino.
Ser la vanguardia de Europa, como proclaman los políticos, pasa siempre por mirar lo que hay en tu casa y potenciarlo, no en organizar grandes fastos para salir en la tele. Volveremos a tener Fórmula 1 y America’s Cup, pero el esplendor del balonmano femenino es el último eslabón de una política deportiva que ya acabó en Valencia con el balonmano masculino, el fútbol-sala y el waterpolo.

PACO GISBERT