El Sevilla celebrando la copa de la UEFA que ganó en 2006 (Foto: Turia).
UN TIPO CALVO Y LA MEJOR LIGA DEL MUNDO

Una de las máximas de la profesión periodística afirma que hay que contar lo que es noticia, independientemente de que beneficie o perjudique a los intereses de la empresa que informa a sus clientes y a sus accionistas. Sobre esa base se ha construido el llamado cuarto poder, el periodismo, que ha sido capaz, a lo largo del siglo XX, de echar a un presidente de los Estados Unidos por espionaje o de propulsar revoluciones políticas, tecnológicas y hasta sexuales. Pero el periodismo deportivo parece estar exento de esa piedra angular de la información. Los diarios deportivos se rigen por sus intereses comerciales para contar cosas sobre un equipo y silenciar las de otro, las cadenas de televisión hacen noticias de apertura de sus telediarios estupideces como el resfriado de un futbolista y ocultan entre la maraña informativa gestas de otros deportes, y las cadenas de radio emiten largos y aburridos debates sobre temas que ni son importantes ni parecen interesar más que aquellos que en su vida sólo han leído “Mi primera cartilla”, por obligación en el colegio, y el “Marca”, por devoción en la edad adulta.
Una cadena de televisión que se autodenomina “amiga” trufaba sus telediarios de información sobre la Fórmula 1 durante los años en que gozó de los derechos de retransmisión de las pruebas del mundial de automovilismo. Gracias a la amistad del canal y a un tipo calvo que parecía vivir con Fernando Alonso, estábamos al día de cada una de las actividades diarias que desarrollaba el doble campeón del mundo español. Qué hacía cuando se levantaba, qué desayunaba, de quién era amigo, con quién había hablado, con quién se había peleado y cuáles eran sus sensaciones ante la próxima carrera. Imagino que tal vendaval informativo logró consolidar la creciente afición al deporte de las cuatro ruedas en España, y particularmente en la Comunidad Valenciana, en la que se organiza una prueba del mundial debido al afán de nuestros gobernantes por satisfacer nuestros deseos, pero daba la impresión de que tal despliegue de medios tenía su truco: detrás de él había intereses comerciales. La sospecha se ha confirmado esta temporada, cuando la cadena amiga ha perdido los derechos televisivos de la Fórmula 1 en favor de otro canal, el que emite hasta tres partidos de la liga española de fútbol en abierto todos los fines de semana. El tipo calvo iría en el contrato, porque ahora aparece en el canal que posee la Fórmula 1 y sigue haciendo el mismo marcaje férreo a Alonso que en los años anteriores. Pero la cadena que abandonó ha dejado de informar sobre Fórmula 1, lo que confirma que el tipo calvo era el único que sabía algo de coches en dicho canal.
La cadena que se ha quedado con los derechos de la Fórmula 1 es también la que tiene en propiedad (o al menos hasta que se pronuncien los tribunales) la exclusiva para retransmitir partidos de la primera división de la liga española. Las retransmisiones son interesantes, pero tienen una molesta banda sonora. No me estoy refiriendo a los comentaristas y sus diatribas sobre las tácticas empleadas por los equipos que disputan los partidos, sino a su manía de repetir machaconamente el sambenito de que la española es “la mejor liga del mundo”. Quizás lo fuera hace unos años, no muchos, cuando los equipos españoles dominaban las competiciones europeas y cualquier conjunto de nuestro país era capaz de llegar a las rondas finales de la Copa de la Uefa o la Liga de Campeones. Pero los del canal que tiene los derechos de la competición española no se han enterado de que la liga española no es lo que era.
El mejor rasero para medir la calidad global de un torneo doméstico es la Copa de la Uefa, una competición a la que accede la clase media de los clubes europeos. Con el nuevo sistema de competición de la Liga de Campeones (a la que accede la aristocracia del fútbol europeo), adoptado por la Uefa a finales del siglo pasado, la Copa de la Uefa mide si un país tiene suficiente potencial en sus equipos como para superar a los de su mismo nivel de otras naciones. Y España fue una gran potencia durante la primera mitad de esta década, cuando vio cómo Valencia y Sevilla ganaban tres títulos y Espanyol y Alavés se quedaban a las puertas como honrosos finalistas. Pero sólo hay que darse cuenta de que este año no quedó ningún equipo español entre los 16 mejores de la competición para colegir que la liga española no es, ni de lejos, la mejor del mundo. Pero, para los de la cadena que tiene sus derechos sigue siendo la mejor del mundo. Hasta que otra cadena, amiga o enemiga, se los arrebate. Entonces, para ellos, pasará a ser la peor liga del mundo.

PACO GISBERT