Cartel de la época de uno de los combates entre Joe Frazier y Cassius Clay
THRILLA IN MANILA

El 28 de abril de 1967, Muhammad Ali fue desposeído del título de campeón del mundo de los pesos pesados de boxeo tras su negativa a combatir con el ejército estadounidense en la guerra de Vietnam. Tres años antes, Cassius Marcellus Clay se había rebautizado como Muhammad Ali al convertirse al Islam y unirse al movimiento musulmán que luchaba por los derechos de los negros en los Estados Unidos. Como consecuencia de sus creencias, Ali rehusó luchar por una nación que no consideraba suya y se expuso, además de perder el título mundial que ostentaba desde su victoria sobre Sonny Liston en 1964, a cinco años de cárcel y 10.000 dólares de multa como castigo. Aquella decisión, de indudable cariz político, provocó una oleada de protestas en todo el mundo y convirtió a Ali en un icono de la lucha por los derechos civiles. Joe Frazier, que en 1970 conquistó la corona mundial de los grandes pesos, pidió personalmente al presidente Nixon que revocara la condena contra Ali y, con ello, le permitiera volver a boxear. Ali, como paladín de la lucha por la libertad, consiguió que algunos estados le permitieran seguir boxeando y, desde 1970, disputó algunos combates. Finalmente, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos revocó su decisión y devolvió, en 1971, el derecho a seguir boxeando en todo el mundo al púgil de Kentucky.
Frazier era buen amigo de Ali y no quería poseer un título que le habían arrebatado a su legítimo propietario sin haber peleado contra él. El 8 de marzo de 1971, Ali y Frazier se vieron por primera vez las caras sobre el ring del Madison Square Garden de Nueva York en lo que la prensa bautizó como “el combate del siglo”. Fue un enfrentamiento muy igualado, inmortalizado por las fotos que tomó Frank Sinatra para la revista “Life”, que se decidió en el decimoquinto y último asalto, cuando un gancho de izquierda de Frazier envió a la lona a Ali. Un golpe que le dio los puntos suficientes para conservar su título por decisión unánime de los jueces en lo que fue la primera derrota en la carrera de Ali. Frazier perdería su título en Jamaica ante George Foreman, el 22 de enero de 1973, y volvería a enfrentarse a Ali, un año más tarde, en una suerte de semifinal para dilucidar quién iba a ser el que retara a Foreman de nuevo con la corona de los grandes pesos como premio.
Ali se tomó la revancha contra Frazier en enero de 1974 y reconquistó el título que los políticos americanos le habían arrebatado en la mítica pelea de Kinshasa, en pleno corazón de África, contra George Foreman que ha pasado a la historia por el grito de todo un pueblo: “Ali, bomayé”, es decir, “Ali, mátalo”. Tras defender su título con éxito durante el año 1975 en tres ocasiones, el promotor Don King organizó una revancha contra Joe Frazier que ha pasado a la historia con el nombre de “Thrilla in Manila”.
En 1975, Filipinas estaba gobernada por el dictador Ferdinand Marcos, quien aprovechó el combate para desviar la atención internacional sobre las acusaciones de violación de los derechos humanos que tenían como punto de mira su régimen. Como ya había ocurrido en el Zaire un año antes, Ali acudió a Manila en loor de multitud, arropado por un público que veía en él algo más que a un simple boxeador y lo consideraba como un símbolo de la lucha contra la opresión. El campeón utilizó de nuevo su ingenioso y viperino verbo para calentar el combate, mientras Frazier se entrenaba duramente en su intento de reconquistar el cetro mundial. Unos días antes de la pelea, en la conferencia de prensa que reunió a los dos contendientes, Ali se destapó con la frase, referida a su oponente, que definiría una época y un combate legendario: “It’s gonna be a chilla, and a killa, and a thrilla, when I get the Gorilla in Manila” (Va a ser un escalofrío, una matanza y una emoción, cuando venza al gorila en Manila). El tercer combate entre Ali y Frazier fue uno de los más cruentos de la historia del boxeo. Con una temperatura que rozaba los 40 grados centígrados, ambos boxeadores acabaron exhaustos de encajar golpes hasta que, en el arranque del último asalto, el árbitro paró la pelea y proclamó ganador a Ali por inferioridad de Frazier.
Como ya ocurriera con el combate de Kinshasa ante Foreman, la pelea de Manila fue mucho más que un simple combate de boxeo. Fue la representación, sobre un cuadrilátero, de los conflictos sociales y raciales que dominaron durante la primera mitad de los años 70 en todo el mundo. De ahí su mítica. Una mítica que recoge el documental Thrilla in Manila, de John Dower, que emitió el pasado sábado 11 de abril el canal de cable norteamericano HBO en estreno mundial. Un documental imprescindible para entender lo que significaba, hace más de 30 años, el boxeo en el mundo. Mucho más que dos tipos pegándose puñetazos entre doce cuerdas ante una multitud ávida de sangre.

PACO GISBERT