La historia es patrimonio de todos. De los que la han vivido y de los que, tras un largo trabajo de investigación, la cuentan para que perdure en las generaciones venideras. La historia de un club de fútbol, como la de una nación, un movimiento social o un grupo de gente con las mismas ideas y sentimientos, también pertenece a la comunidad. Hay algunos que no lo saben y se excusan en licencias y permisos, en exclusivas y símbolos sujetos a pago de cánones, para imponer la que ellos consideran como historia oficial. La única que, según ellos, se puede contar.
La pasada semana se presentó en un hotel de la ciudad el libro “Valencia CF, un club de leyenda, 1919-1955”, el primero de los tres tomos que la editorial Carena piensa publicar a partir del trabajo de Enrique Miquel, un veterano seguidor valencianista ligado a la entidad desde su nacimiento, ya que su familia ha estado vinculada siempre al club que ahora glosa. Sobrino de Antonio Cotanda, quien fuera uno de los refundadores de la entidad tras la guerra civil, Miquel mamó desde pequeño el amor por los colores del Valencia, a través de las tertulias improvisadas que montaba en su casa su propio tío con los pocos periodistas que seguían la información sobre el primer equipo de la ciudad o de los testimonios que jugadores, directivos y técnicos iban dejando en el hogar familiar.
“Valencia CF, un club de leyenda” es un proyecto mastodóntico surgido a partir del material que Enrique Miquel tenía en su casa, de los recuerdos que, en forma de fotografías, documentos y anécdotas, ha dejado el paso del tiempo para alguien que ha vivido intensamente los últimos 60 años del club. Con ese material, Miquel ha completado una obra rica en documentos inéditos, que recuerda a los hombres que hicieron grande al Valencia y que se completará, en los próximos meses, con otros dos volúmenes para conformar la más completa historia sobre el club más laureado de la Comunidad Valenciana.
Nombres como los de Luis Casanova, al que Miquel describe como “más preocupado en un principio por la expansión de la productora Cifesa” que por el fútbol y que llegó a ser el presidente que mayores éxitos dio a la entidad, como Vicente Peris, artífice del gran Valencia CF que murió en 1972 en el propio estadio de Mestalla de forma inesperada, como Luis Colina, un madrileño que hizo de Valencia su casa y del Valencia el club más potente de Europa en los años 40, o como Ignacio Eizaguirre, el mítico portero que defendió la meta valencianista en la década prodigiosa del club y que, a sus 90 años, todavía viajó en autobús desde San Sebastián para estar presente en la presentación de la obra, desfilan por un libro imprescindible para conocer lo que el Valencia ha sido, en unos tiempos en los que muchos aficionados recién llegados al fútbol piensan que la historia del club comienza con las dos finales de Champions perdidas.
No son los únicos. Desde el club se ha instado a la retirada de la obra de las librerías porque, según la versión oficial, “puede suponer una vulneración de los derechos de propiedad industrial e intelectual del Valencia y de los derechos de imagen que ostenta según la ley”. Ni más ni menos que pensar que sólo desde dentro del club se puede contar la historia de éste para ajustarse a las complejas leyes de propiedades etéreas a las que alude la reclamación.
Como una folclórica o una actriz que no quiere que alguien airee su vida, el Valencia arremete contra quienes sólo pretenden hacer memoria, contra los que luchan por evitar el olvido de 90 años de historia y pretenden hacerlo desde fuera. No se trata de copiar el escudo del club para hacer camisetas falsas, ni de imitar firmas de los jugadores, ni de fabricar artículos que puedan venderse en las tiendas regentadas por chinos a precios de risa. Se trata de la historia del Valencia. Una historia que pertenece a todos y no sólo a los que creen que, como en las dictaduras más sangrientas, debe haber una historia oficial.
PACO GISBERT |