El 27 de febrero de 2006, Florentino Pérez, presidente del Real Madrid desde casi seis años antes, presentó la dimisión a causa del fracaso de su política deportiva, que había llevado al club blanco a tres años sin títulos, una circunstancia que no se producía desde los años 50, justo antes de la llegada de Alfredo Di Stéfano a la entidad madrileña. El día en que el señor Pérez, afamado constructor que aplicó al vetusto organigrama del club una estrategia empresarial y comercial para convertirlo en la entidad más rica del mundo, se fue, los medios de comunicación fueron unánimes en resaltar el batacazo de un modelo de gestión deportiva que olvidó la clase media, la que forman esos futbolistas que, al fin y al cabo, insuflan el carácter de campeón a un equipo, para convertir al Real Madrid en un escaparate de lujo, lleno de estrellas acomodadas que eran más pasto de las revistas del corazón que de las páginas de información futbolística. Florentino dejó el Madrid con un balance deportivo más bien pobre, si se tiene en cuenta la inversión de 300 millones de euros para conformar una plantilla que sólo ganó, en cinco temporadas, dos ligas y una Liga de Campeones.
A Pérez lo sustituyó al frente del Madrid Ramón Calderón, un tipo con ambiciones personales pero escaso criterio a la hora de planificar el club. Sin embargo, pese a la desastrosa gestión de Calderón, el club madridista conquistó durante su mandato tantos títulos domésticos como los que atesoró en la etapa “galáctica” que impulsó Florentino. Sólo en la Liga de Campeones, en la que el Madrid ha imitado la ancestral costumbre de la selección española de no pasar de cuartos de final desde hace un lustro, el equipo que diseñó Calderón no pudo igualar los éxitos de su predecesor. A Calderón, sin embargo, no lo defenestraron los resultados, ese extraño azar que hace que la pelota entre o no en la portería, sino una asamblea de socios amañada en la que pretendía perpetuarse en el poder como si fuera un dictador latinoamericano de medio pelo.
El pasado jueves, Florentino Pérez anunció su intención de presentarse a las elecciones del Real Madrid. Quien aplicara a uno de los pocos clubes deportivos que quedan en España criterios de una sociedad anónima vuelve al escenario que le dio notoriedad entre el ciudadano medio, aunque su prestigio como empresario era sobradamente conocido en los círculos económicos gracias a su trabajo en la constructora ACM. Pérez se presentará a las elecciones del Real Madrid, que se celebrarán a mediados del próximo mes de mayo, y, salvo catástrofe, se convertirá de nuevo en presidente del club blanco.
El señor Pérez ya ha anunciado que invertirá 300 millones de euros en potenciar su plantilla. Dada la facilidad con la que Florentino saca la chequera para firmar jugadores, la prensa madrileña ha comenzado su carrusel de futuribles para un proyecto que Valdano, el mismo que acompañó al constructor en su anterior aventura y convirtió al Madrid en un equipo tan descompensado como pinturero, ya ha calificado de “superproducción”, en alusión al presupuesto que manejará su presidente para “devolver la ilusión” a los aficionados del equipo de las televisiones nacionales. Kaká, Cristiano Ronaldo, Villa, Ribéry o Cesc Fábregas son algunos de los nombres que podrían vestir de blanco la próxima temporada, en lo que parece una reedición del proyecto de Pérez que facilitó que Valencia, Barcelona, Milan o Bayern de Munich aumentaran su palmarés durante los cinco años en los que estuvo al frente del Madrid.
El fútbol es uno de los ámbitos de la vida en los que mejor se ejemplifica que el hombre tiene memoria de pez. Que los éxitos y las ilusiones borran con una facilidad exasperante los fracasos y las decepciones. Y los aficionados madridistas han olvidado con una rapidez sorprendente lo que sólo hace tres años pensaban: que el modelo Florentino no era aplicable a un club con la historia y el prestigio del Real Madrid. Ahora sueñan con que el señor Pérez los rescate de la depresión en la que quedaron sumidos cuando un Barcelona construido con cerebro y sin estridencias les endosó el mítico 2-6 en el Bernabeu, en el partido que decidió esta liga. Mientras tanto, los clubes que poseen a esas estrellas que Pérez proyecta para volver a edificar su galaxia se frotan las manos. Ganarán dinero y, si la historia se repite, ganarán más títulos.
PACO GISBERT |