El fútbol de alto nivel competitivo ha llegado a África por primera vez en la historia con la celebración de la Copa de las Confederaciones que tiene lugar estos días en Sudáfrica. Hace unos años, la FIFA dio un giro en la concepción de un torneo cuya justificación era escasa y convirtió la Copa del rey Fahd en un ensayo general para el siguiente Mundial. Así ocurrió en 2001, antes del Mundial de 2002 en Corea y Japón, y hace cuatro ante la cita de Alemania. De esta forma, la competición permite realizar una última prueba, un ensayo general previo a la cita del Mundial y lo hace con ocho selecciones que llegan, seis de ellas en función de sus éxitos continentales como es el caso de España, junto al país organizador y al campeón del Mundo.
Hay una pregunta recurrente ante una gran competición deportiva que alude a si el país que la acoge está o no preparado para hacerlo. Lo escuchamos ante los Juegos Olímpicos de Pekín, por ejemplo, y en otros acontecimientos de menor trascendencia pero con exigencias organizativas importantes. Encontrar respuesta a esa cuestión es importante, ya que los estadios, las comunicaciones, los alojamientos y todas las otras variables que inciden en una organización de este tipo tienen que estar resueltas. Sin embargo, bajo mi punto de vista, la pregunta clave no es si la competición se puede desarrollar puesto que la respuesta es casi siempre afirmativa. Lo importante es si tras la marcha de los equipos y la vuelta a la normalidad, el país o la ciudad que acoge la cita deportiva va a estar mejor de lo que estaba antes. No tengo ningún criterio para pronosticar si Sudáfrica será o no un país mejor tras la Copa, lo que sí que tengo claro es que al país no le vendrá mal ninguna ayuda y que no sabemos en qué medida el fútbol va a contribuir a que la obtenga.
En Sudáfrica existen muchas de las distancias sociales y económicas de otros países de África, con la diferencia de que aquí buena parte de ellas se dejan ver a través de la piel. Se trata de un país en el que hay un ochenta por ciento de población negra, un diez por ciento de blancos y otro diez por ciento de personas de otras razas.
A pesar de los quince años transcurridos sin apartheid formal, queda bastante camino por recorrer. Por eso, insisto, sería importante saber si el fútbol va a contribuir a ello. La FIFA, en cualquier caso, ha optado por globalizar sus torneos y considera a África como un foco fundamental para el crecimiento de este deporte y también para la venta del producto fútbol. Por eso dio un paso adelante para llevar una Copa del Mundo a este continente. Era un reto pues pocos países podían acogerla. Quizá Marruecos, Egipto y la propia Sudáfrica que organizó y ganó la Copa de África en 1996.
Ahora el país tiene unos buenos estadios, aunque todavía con obras en algunos de sus accesos, pero no todos los campos que acogerán el Mundial están ya listos. La población local se muestra bastante interesada por el fútbol al menos en el caso de los negros, ya que los blancos prefieren el rugby y el cricket. Sin embargo, mientras el partido inaugural entre Sudáfrica e Irak se disputó con el estadio a rebosar, el apasionante España-Nueva Zelanda, jugado en la remota e intrigante ciudad de Rustenburgo, apenas contó con público en las gradas.
Es cierto que cada vez es menos importante el lugar en el que se celebra una Copa del Mundo, pues se trata de un producto de consumo televisivo, pero hay algunas incógnitas planteadas ante la cita del próximo año. Por una parte, hay que saber si el número de seguidores, principalmente europeos, que viajará a Sudáfrica será elevado o si el Mundial apenas incrementará el número de visitantes a un país que está lejos de casi todo. Otra cuestión gira en torno al eterno debate de las fechas. En junio y todavía más en julio, en Sudáfrica es pleno invierno, anochece antes de las seis de la tarde y hace mucho frío cuando se pone el sol. Esta va a ser, si se exceptúa el torneo de Río en 1950, la segunda Copa del Mundo que se juegue en el hemisferio sur. La anterior, la de Argentina, es de infausto recuerdo por cuestiones extradeportivas, pero el clima tampoco contribuyó a crear un ambiente festivo.
La estructura del fútbol mundial impide llevar el torneo a otra época del año, pero el ambiente de las calles en los recientes mundiales de Italia, Francia o Alemania no se verá en Sudáfrica. Así está el panorama a un año del 2010, aunque no debemos olvidar qué quedará de todo esto en 2011.
ALFONSO GIL |