La prensa deportiva ha protagonizado un esperpento con el presunto fichaje de David Villa por el Real Madrid
PERIODISMO DEL CORAZÓN

El periodismo deportivo es una extraña perversión de la profesión periodística. Hace muchos años, cuando un periodista llegaba a la redacción de un diario, semanario o emisora de radio o televisión, era condenado a trabajar en deportes, como un cruel aprendizaje entre declaraciones de jóvenes millonarios sin cerebro y empresarios sin escrúpulos metidos a directivos de clubes deportivos. Pero la proliferación de diarios especializados en deportes y la dimensión que el fútbol ha alcanzado en nuestro país como información de interés general acabaron por crear una raza propia de periodistas que sólo informan sobre actividades deportivas.
Como en todos los oficios, dentro del periodismo deportivo hay buenos y malos profesionales, gente que cumple con su deber de informar y otros que intentan manipular a su audiencia con demagogia barata. Quizás el perfil del periodista deportivo, en general, no sea el de la persona más culta y multidisciplinar del mundo, pero, como en todo en la vida, es cuestión de tomarse su propio trabajo con dedicación y objetividad para dar al lector, oyente o espectador lo que desea escuchar: información y opinión objetiva. El problema estriba en que el fútbol, principal objeto de la información deportiva, tiene un alto componente subjetivo del que es difícil abstraerse cuando se trata de contar las cosas tal y como han sucedido o de opinar de ello. Los buenos periodistas deportivos son aquellos que apartan sus fobias y sus filias y consiguen dar una opinión o una información no contaminada por lo que sienten sus corazones.
La semana pasada, el frustrado traspaso de David Villa al Real Madrid eclipsó la disputa de la Copa de las Confederaciones, ese lucrativo invento que ideó la FIFA para llenar todavía más sus arcas y que sólo suscita interés en algunos de los países participantes, ni siquiera en todos. De hecho, como señalaba hace unas semanas mi compañero Alfonso Gil desde Sudáfrica, la Copa de las Confederaciones era un torneo desconocido para la mayoría de los españoles hasta este año, cuando la selección nacional se clasificó por méritos propios para jugarla. España transitaba con éxito por el intempestivo torneo, pero los diarios deportivos reservaron sus portadas para el culebrón del verano: el fichaje de Villa por el Real Madrid.
El resultado de dos semanas de negociaciones, acuerdos y desacuerdos entre el Valencia y el Real Madrid ha sido uno de los espectáculos humorísticos más bochornosos de la historia del periodismo deportivo. Un diario de Madrid anunció a bombo y platillo el fichaje cuando todavía no se había concretado, le puso el precio que a sus redactores le pareció justo y, cuando el Valencia rompió las negociaciones para concretar el traspaso porque consideraba que la oferta madridista no satisfacía sus necesidades, arremetió contra el club blanquinegro con una campaña de desprestigio hacia su presidente y sus aficionados. La intención de dicho diario, erigido en sicario de lujo de los intereses de Florentino Pérez y Valdano, era que Villa recalara en el Madrid a bajo precio porque, según su filosofía, era un paso adelante en su carrera. La mayoría de los medios de comunicación capitalinos siguieron el juego al diario humorístico (no merece ni ser calificado como deportivo) con comentarios sobre la tristeza de Villa en la concentración de la selección o con el afán de interpretar sus palabras de manera tendenciosa cada vez que el delantero asturiano abría la boca. Desde Valencia, la respuesta no fue menos agresiva, con portadas, editoriales y comentarios que calificaban de agravio el movimiento del Madrid y sus consecuencias mediáticas.
Más allá de las cantidades que se barajaron para el traspaso, que dependen de la cotización de un mercado inflado por el propio Real Madrid, el esperpento protagonizado por la prensa deportiva en estas últimas semanas la acerca a otro tipo de seudoperiodismo que es el paradigma de lo que no debe ser la profesión: la prensa del corazón. Un presunto periodismo basado en intereses personales, amores, odios y prebendas, que se rige por impulsos que no tienen nada que ver con el origen del oficio. Un periodismo llamado “del corazón” precisamente por su carácter vitriólico, que se asemeja mucho al comportamiento de la prensa deportiva, movida esta vez, como en muchas otras ocasiones, por los latidos de la pasión y no por la búsqueda de la objetividad, la información y la verdad.

PACO GISBERT