Alex Ferguson es el técnico con mayor visión de futuro del fútbol europeo (Foto: Turia).
DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE VIVE

El fútbol es como un parque temático. Un espacio donde lo único que cuenta es la ilusión. Y las pretemporadas de los equipos son un caldo de cultivo para alimentar esa ilusión. Los tres meses de descanso competitivo sirven a los dirigentes de los clubes para fomentar esa extraña sensación de que la temporada próxima será mejor que la que ha acabado y, para los aficionados, para ilusionarse con borrar el pasado y sustituirlo por un futuro lleno de éxitos y alegrías.
Más de 80.000 personas asistieron el pasado lunes a la presentación oficial de Cristiano Ronaldo, un futbolista que trasciende las fronteras de lo estrictamente futbolístico, con su nueva camiseta del Real Madrid. El jugador portugués reúne, en una sola persona, las características que atesoraban dos de los fichajes más rentables de la anterior etapa de Florentino Pérez al frente del conjunto blanco: tiene una calidad individual que le equipara a Zinedine Zidane, el mejor jugador que ha disputado la liga española en los últimos años, y un carisma que entronca con el de David Beckham, el futbolista más mediático que ha militado en el campeonato nacional. Ronaldo es un nuevo rey Midas, uno de esos personajes que venden con su sola presencia, su estampa física y su historia personal. Para colmo, también es un excelente jugador de fútbol.
La historia de Cristiano Ronaldo es de esas que podrían perfectamente formar parte de las biografías soñadas por las estrellas del rock o los triunfadores que se construyen una leyenda a base de esfuerzo. Nacido en uno de los barrios más deprimidos de Funchal, en la isla de Madeira, Ronaldo sobrevivió a las miserias de la vida gracias a sus facultades como futbolista. Esas facultades y su espíritu de superación lo llevaron al Sporting de Lisboa, el club más decidido a apostar por la juventud y la cantera de todo Portugal. Del Sporting surgieron futbolistas como Paulo Futre y Figo, las dos grandes figuras que antecedieron a Cristiano en el Olimpo del fútbol luso. Un amistoso entre el Sporting y el Manchester United, en 2003, lo descubrió a los ojos de Alex Ferguson, el técnico con mayor visión de futuro del fútbol europeo. El resto es historia. Con el Manchester, Ronaldo se convirtió en el mejor futbolista del viejo continente, logró tres ligas, una copa y una Liga de Campeones, además de ganar el Balón de Oro el año pasado.
Su llegada al Real Madrid ha alimentado la ilusión de un club que sufrió la temporada pasada uno de los mayores calvarios de su larga historia. Vio cómo su eterno rival, el Barcelona, no sólo lograba un triplete histórico, sino cómo lo humillaban en su propio estadio al vencerle por 2-6, un resultado que ha sucedido en el imaginario culé al remoto 0-5 del Barça capitaneado por Cruyff a mediados de la década de los 70. La adquisición de Ronaldo, junto con la de Kaká y la de otros futbolistas de renombre que espera incorporar el Madrid a su plantilla, ha devuelto la ilusión a una afición que sueña con la dulce venganza de devolver la moneda al eterno rival con una ensalada de trofeos en la temporada que comenzará en poco menos de dos meses. Si el equipo que dirigirá Manuel Pellegrini lo logra, la estratosférica inversión realizada por Florentino Pérez habrá valido la pena pues en el fútbol, como en ese anuncio de Mastercard tan parodiado, hay cosas que no tienen precio.
352 kilómetros al este de Madrid, la ilusión escasea. El Valencia ha pasado de ser un club que se empeñaba en provocar ilusión a sus aficionados durante todas las pretemporadas, y cuya inercia alcanzaba más o menos hasta mediados de invierno, a convertirse en el paradigma de la desilusión en el fútbol español. Un equipo con sus estrellas en el mercado, esperando que lleguen ofertas para marcharse y enjugar la galopante crisis económica que atraviesa la entidad, y unos dirigentes que cambian de cara cada mes o mes y medio han convertido al equipo valenciano en un pasatiempo extraordinariamente divertido para los aficionados propios y ajenos. La última vuelta de tuerca a esa carrera por los abismos de la desilusión viene ahora con el regreso de Vicente Soriano, de la mano de un grupo financiero desconocido hasta ahora, a la presidencia. El hombre que durante casi un año jugó con la ilusión de los valencianistas prometiendo un nuevo estadio y el mantenimiento de sus figuras y que pasó a la historia como el presidente con más promesas incumplidas ha vuelto. Y, la verdad, eso no puede provocar ilusión ni aunque fichara al doble de Cristiano Ronaldo.

PACO GISBERT