La temporada pasada, el Barcelona, campeón de liga, acabó el campeonato con 17 puntos de ventaja respecto al tercer clasificado. El Real Madrid, segundo en la tabla, finalizó el torneo con ocho puntos sobre el tercero, sobre todo porque abandonó la lucha a cuatro jornadas para el final, después de caer estrepitosamente en su estadio contra el club catalán por 2-6. Si hubiera seguido el ritmo de partidos ganados que acumulaba hasta ese momento, habría finalizado la liga con más de diez puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor. Por primera vez en muchos años, la clasificación de la liga española se rigió por la lógica: la diferencia entre los dos grandes de nuestro balompié y el resto fue tan grande como la que hubo entre el Valencia, sexto en la clasificación y último equipo que se ganó una plaza en competición europea, y el Athletic, que acabó decimotercero pero que estuvo luchando por evitar el descenso hasta la penúltima jornada de liga y superó sólo por dos puntos al final al Betis, que jugará en segunda la próxima campaña.
La liga 2009-10 comienza este fin de semana y todo apunta a que esa lógica no se romperá. Barcelona y Real Madrid no sólo han mantenido unas plantillas que, como se demostró la temporada anterior, están por encima, en cuanto a calidad, de las del resto de equipos, sino porque, en una carrera demencial por traspasar los límites del campeonato doméstico, se han reforzado como ningún otro club ha podido hacerlo. El conjunto madrileño se ha gastado cerca de 250 millones de euros en comprar a Cristiano Ronaldo, Kaká, Benzema, Albiol, Xabi Alonso, Arbeloa y Granero; al Barça le ha bastado una incorporación, la del sueco Zlatan Ibrahimovic, para desembolsar 70 millones.
La culpa de esta locura que ha atacado a los dos grandes del fútbol español la tiene la extraordinaria campaña que realizó el Barcelona el año pasado. Con un entrenador debutante y una plantilla muy similar a la de hace dos temporadas, el Barcelona lo ganó todo: liga, copa y Liga de Campeones. Y lo hizo practicando un fútbol vistoso y de toque, en el que la calidad individual de sus jugadores acababa imponiéndose irremediablemente sobre sus oponentes. En ese espejo se ha mirado el Real Madrid, que contrató, por otros cuatro millones de euros, al chileno Manuel Pellegrini, principal responsable del “milagro” del Villarreal, un equipo que, bajo sus órdenes, ha practicado en los últimos años un fútbol tan bello y coordinado como el del Barcelona, aunque con peores mimbres. Sobre esa base, ha edificado una plantilla mucho más profunda que la que tenía en campañas anteriores, pero, tratándose de un proyecto de Florentino Pérez, habrá que ver si tantos gallos en el mismo gallinero conviven con la armonía necesaria para ganar títulos.
El resto de los equipos de primera división volverá a jugar el papel que tienen tácitamente asignado en esa obra de teatro que se representa cada año, como un bucle interminable. Un puñado de equipos (Sevilla, Atlético de Madrid, Valencia y Villarreal) esperarán algún fallo de los grandes para ascender en el escalafón que se les ha asignado y, entre ellos, deben repartirse, por lógica, las dos plazas sobrantes para la Liga de Campeones y para la nueva Euroliga. Otro saco de equipos (Getafe, Valladolid, Osasuna, Sporting, Racing, Málaga, Almería, Xerez, Zaragoza y Tenerife) lucharán, salvo sorpresa, por sobrevivir en la categoría, aunque alguno de ellos puede convertirse en la tradicional revelación del torneo y pelear con Deportivo, Espanyol, Athletic y Mallorca por instalarse en la zona tibia de la clasificación, esa a la que pueden caer algunos de los aspirantes a la gloria y ascender quienes hagan más méritos que los que se necesitan para evitar el descenso.
En fin, todo apunta a que esta liga reafirmará la teoría de que, pase lo que pase en el verano, todo seguirá igual. De que, en realidad, siempre se juega la misma liga, en la que siempre ganan los mismos, siempre descienden los mismos y los papeles están asignados, como si un demiurgo los ordenara antes de empezar, con antelación. Ojalá me equivoque. De lo contrario, será el fútbol español el principal damnificado.
PACO GISBERT |