Miguel Ángel Angulo ha salido del Valencia por la puerta de atrás, como un apestado (Foto: Turia).
DESPEDIDAS

Miguel Ángel Angulo no es el tipo más simpático y agradable del mundo. No goza de gran popularidad entre los periodistas que habitualmente cubren la información del Valencia, ni suele ser uno de esos futbolistas que pierden diariamente quince minutos de su tiempo firmando autógrafos o haciéndose fotos con sus admiradores. Tampoco es una persona con especial carisma y, pese a que ha desarrollado toda su carrera profesional en el Valencia, nunca ha sido elegido capitán por sus compañeros de plantilla, una circunstancia que denota que tampoco dentro del vestuario debe de tener excesivo predicamento.
Angulo era, hasta hace muy poco, el futbolista más veterano del Valencia. Llegó al club siendo un adolescente, desde su Avilés natal, y, después de una breve cesión al Villarreal, se instaló en la primera plantilla. Era un delantero con una extraña habilidad: no hacía nada excesivamente bien, pero tampoco hacía nada excesivamente mal. Un jugador de esos que quieren todos los entrenadores, porque, a su carácter cumplidor, añadía una extraordinaria capacidad para jugar en diversas posiciones dentro del terreno de juego. Un futbolista de los que llaman polivalentes, es decir, que sirven igual para un roto que para un descosido, que hoy juega de lateral derecho y mañana lo hace de mediocentro. Sus virtudes las explotó en todas las posiciones en las que los sucesivos entrenadores que han pasado por el Valencia lo necesitaron y siempre cumplió con corrección. Incluso, en determinados momentos, exhibió una clase inaudita, un toque de balón excelso que sólo aparecía con cuentagotas, al igual que sus destellos de tuercebotas. Era capaz de lo mejor y de lo peor, pero, en general, no hacía ni una cosa ni otra.
A esas características técnicas, Angulo unía un carácter reservado. Nunca fue titular indiscutible para ningún entrenador, pero nunca se quejó de su condición de suplente. Hasta el punto de que, cuando fue apartado del equipo en compañía de Albelda y Cañizares, fue el único de aquel trío de apestados que no levantó la voz para quejarse. Al final, siempre acababa jugando más de 20 partidos de liga, marcaba una decena de goles y era el futbolista que sacaba al equipo de atolladeros, principalmente en el puesto en el que más le gustaba jugar: en punta. Sus dos goles en la semifinal de la Liga de Campeones de 2000, contra el Barcelona, o su decisivo tanto en Zaragoza, en la segunda liga ganada por el conjunto dirigido por Rafa Benítez son algunos ejemplos de la herencia histórica que ha dejado Angulo en el Valencia.
Miguel Ángel Angulo ha salido del Valencia por la puerta de atrás, como un apestado. En la pretemporada, el club lo situó al mismo nivel que jugadores como Hugo Viana, un personaje cuyo mayor mérito ha sido tomar el sol en los campos de entrenamiento de Paterna durante años, o Curro Torres, otra vieja gloria del club diezmada por las lesiones. Por orden de sus dirigentes, Unai Emery cerró la puerta al asturiano esta temporada y le dijo que se buscara equipo. Finalmente, tras un mes de agosto muy movido, Angulo ha recalado en el Sporting de Lisboa.
Los futbolistas, como el resto de trabajadores, cumplen etapas en sus empresas y, un día u otro, se marchan de los clubes que los han acogido durante años. Pero hay muchas formas de hacer las cosas y el Valencia nunca ha sido un ejemplo de memoria histórica. Del Valencia se marcharon ingenieros de la historia del club sin que se les tributara el homenaje que les correspondía. Claramunt, Fernando, Valdez o Cañizares son algunos nombres de futbolistas a los que el club despidió sin los honores que su trayectoria merecía. Angulo es el último eslabón de esa cadena de despropósitos que hace del Valencia un club sin sentimiento, al menos en lo que respecta a aquellos que ayudaron a hacerlo grande. Como persona, probablemente Angulo no se merezca nada; como futbolista, ha sido uno de los artífices de la década más gloriosa del club y merece que se le reconozca tal mérito.

PACO GISBERT