Entre enero de 2002 y julio de 2006, la cadena de televisión británica ITV emitió una serie titulada Footballer’s Wives que llevaba a la ficción una de las obsesiones de la sociedad en el Reino Unido: la vida privada de quienes juegan al fútbol. Footballer’s Wives fue una de esas series que, en sus primeras temporadas, alcanzó un notable éxito de audiencia, pero que, con el tiempo, fue perdiendo fuelle hasta su definitiva cancelación, una vez acabada la quinta tanda de capítulos. Se centraba en las vidas familiares de los futbolistas del Earls Park FC, un imaginario club de la Premier League inglesa, pero vistas desde la perspectiva de las mujeres y novias de los profesionales del balón y las relaciones con sus parejas y con las demás compañeras de los componentes de la plantilla.
Los británicos utilizan el término WAG (Wives And Girlfriends) para referirse a un colectivo al que prestan casi tanta atención como al de los futbolistas de la liga más poderosa del mundo. Las Wags son carne de la prensa rosa, tan extendida en el Reino Unido, y, en la mayoría de los casos, provienen de programas de televisión de máxima audiencia, sobre todo los reality shows, o de las categorías inferiores del mundo de la canción y el cine. La Wag por excelencia es Victoria Beckham, la “pija” de las Spice Girls y mujer del actual jugador de Los Angeles Galaxy David Beckham, quien con sus estrafalarias costumbres se ha convertido en una presencia habitual de los tabloides, ya sea por ponerle el nombre de un barrio neoyorquino a uno de sus hijos, ya sea por gastarse el sueldo anual de un honrado trabajador de clase media en sólo una tarde de compulsivas compras. Sin embargo, el paso del tiempo es implacable, incluso en una persona tan estirada (en todos los sentidos) como Victoria Beckham, y, a sus 35 años, la spice posh ha tenido que ceder ante el empuje de otras Wags con menos años y más morbo. Coleen McLoughlin, por ejemplo, mujer del delantero del Manchester United Wayne Rooney, sólo tiene 23 años, es presentadora de su propio programa de televisión (Coleen’s Real Women, también de la ITV) y hasta tiene una columna semanal en la revista de cotilleos OK!, algo así como el ¡Qué me dices! español. Las inquietudes intelectuales de la pareja se pueden adivinar con un dato: en su primera cita, Rooney invitó a su pareja al cine a ver Austin Power 2. Otros futbolistas, como el defensa del Chelsea Ashley Cole, han tenido que conformarse con mujeres menos intelectuales: la suya, Cheryl Tweedy, es cantante y jurado del programa televisivo X-Factor, esa especie de Operación Triunfo en la que los ingleses descubren a fontaneros y amas de casa con excelentes aptitudes vocales.
Los británicos idolatran a esas ex concursantes de Gran Hermano que proporcionan felicidad conyugal a sus futbolistas y que alimentan su inusitado interés por conocer lo que ocurre en las alcobas ajenas, pero, en muchos casos, las consideran culpables de los repetidos fracasos de su selección nacional. En parte tienen razones para obrar de esa manera, ya que la historia de los últimos torneos en los que ha participado Inglaterra está llena de escándalos en los que han estado implicadas las Wags de los futbolistas. En el Mundial de Francia, en 1998, el seleccionador Glenn Hoddle concedió un permiso especial a Beckham para que pudiera reunirse con Victoria, lo que, para la prensa británica, fue una de las causas de la eliminación del combinado nacional. En la Eurocopa de Portugal, en 2004, Nancy Dell’Ollio, mujer del entonces seleccionador Sven Goran Eriksson se convirtió también en entrenadora de las Wags de los futbolistas, ya que les organizaba excursiones y cenas para que no se aburrieran. Y en el Mundial de Alemania, en 2006, las Wags se alojaron en un hotel contiguo al de los futbolistas y, con sus minúsculos bikinis, se convirtieron en un extraordinario espectáculo para la prensa y los curiosos de Baden Baden. Por eso, ahora que Fabio Capello, con sus espartanas normas, acaba de anunciar que prohibirá la presencia de las mujeres y novias de los futbolistas que acudan al Mundial de Suráfrica, el país está dividido: unos lloran porque no sabrán nada de sus Wags durante dos meses; otros sueñan con que Inglaterra vuelva a ser campeona mundial 44 años después.
PACO GISBERT |