Carnet de socio de José Rodríguez Tortajada, presidente del Valencia CF entre 1936 y 1939.
EL PRESIDENTE FANTASMA

Hace un par de semanas, el periodista Vicent Chilet desveló en las páginas de Levante-EMV la existencia de un presidente del Valencia sepultado por el olvido del paso del tiempo. Se trataba de José Rodríguez Tortajada, quien dirigiera la nave valencianista entre 1936 y 1939, los difíciles años de la Guerra Civil provocada por el levantamiento militar del 18 de julio. Rodríguez Tortajada, un convencido republicano y nacionalista que, en el momento de asumir la presidencia del Valencia, contaba con 37 años, fue teniente de alcalde el Ayuntamiento de la ciudad, debido a su filiación al Partit Valencianista d’Esquerra y un dinamizador de la vida política y deportiva durante los años de la contienda.
Había llegado al cargo de máximo mandatario del equipo de sus amores diez años después de darse de alta como socio en una entidad que daba entonces sus primeros pasos. Aun así, Rodríguez Tortajada fue el decimotercer presidente de la historia del club, cuando éste todavía no había cumplido los 20 años de existencia. Pero, en las primeras décadas del siglo pasado, ser presidente de un club de fútbol no tenía las connotaciones positivas que posee ahora ostentar un cargo que sirve para medrar socialmente y, en algunos casos, llevarse al bolsillo comisiones o sueldos millonarios. En los años 30 del siglo XX, ser presidente de un club como el Valencia era una tarea engorrosa y sin compensaciones económicas o sociales. Era un trabajo ingrato, que quitaba parte del tiempo para dedicarse a otros negocios, al que se accedía por hacer un favor a los amigos, quienes formaban parte de la junta directiva. Sólo así se entiende que, en sus primeros 20 años de vida, 13 personas diferentes asumieran la responsabilidad de dirigir una entidad que, en los 70 años siguientes, tendría sólo 19 presidentes más.
Como cuenta Chilet en su reportaje, Rodríguez Tortajada fue un inquieto activista republicano que, lejos de esconder al club que presidía de las bombas y la barbarie, fomentó las competiciones deportivas para intentar dotar de un halo de normalidad a aquellos tiempos de sinrazón y odio. Tortajada impulsó la creación de la Liga del Mediterráneo, el torneo que sirvió para mantener el pulso a la actividad futbolística en los equipos del este del país, y propició una serie de actos culturales y nacionalistas entre Valencia y Catalunya, que culminaron con un partido amistoso entre las selecciones de ambas regiones. Su compromiso político le pasó factura, ya que, acabada la guerra, cuando los vencedores instalaron la represalia como mecanismo de limpieza en España, fue encarcelado y condenado a muerte, una condena que esquivó después de pasar casi 18 años entre rejas.
A su excarcelación siguió una época de discreción. Rodríguez Tortajada nunca quiso reivindicar su pasado, ni siquiera cuando la democracia devolvió a España la normalidad cívica y los medios de comunicación hablaban de reconciliación nacional. Durante 35 años, acudía a Mestalla de forma anónima y nadie de sus compañeros de localidad en la tribuna del viejo coliseo valencianista sabía que aquel hombre mayor que se sentaba cerca de ellos había regido los destinos de la entidad en su etapa más complicada.
Sin embargo, el descubrimiento periodístico de Chilet no ha obtenido ninguna reacción en el club que él dirigió durante tres años, pese a que, en su momento, había sido el presidente que más tiempo ejerció el cargo junto al fundador, Octavio Milego. Rodríguez Tortajada, para el Valencia, sigue siendo un presidente fantasma, que dirigió el Valencia en unos tiempos de oscuridad y, por lo que parece, desmemoria. Su tarea, abnegada y comprometida, merece un reconocimiento que, hasta el momento, no ha tenido del club al que ayudó a ser grande.

PACO GISBERT