Muchos sucesos, con una narrración algo atropellada. Italia vive, actualmente, momentos convulsos, pero parece ser que esto es así de manera cíclica. En el 78, fue el secuestro de Aldo Moroy y su posterior asesinato, el que contó con más atención mediática; pero, dos años más tarde, el atentado de la estación de Bolonia -en él se ispiraron los terroristas islamistas para cometer el del 11 de marzo, de 2004, en Madrid-, con 85 muertos y más de 200 heridos, el que produjo, y con razón, mayor impacto. Las raíces de ambos sucesos no fueron las mismas. Sin embargo, el clima de violencia existente retroalimentó a uno y a otro. Esto sí, Placido refleja perfectamene el caos que se padecía, promovido interesadamente desde las propias instituciones públicas, del que, por otro lado, eran muchos los que se veían repugnantemente beneficiados, Mafia incluida, evidentemente.
Cierto, desde Italia se va retomando la costumbre de hacer cine social, aunque, quizá, el presente nos depara día sí, día también, acontecimientos suficientes como para que se atienda más a la actualidad, desde su propia industria cinematográcica. Claro, que aquí nos contentaríamos con una infinitesimal parte de lo que allí se cuece. En cuanto a cine, por supuesto. |