Imagen del popular barrio del Raval en Barcelona (Foto: Turia).
DOBLE MORAL EN BARCELONA
 

Cómico, como peli de Berlanga, lo sucedido en las ramblas de Barcelona. Satanizar a las currantes del sexo y a sus clientes como si fueran delincuentes. Alarmante que el estado (autonómico o sinfónico) sólo levante el culo del sillón cuando aparecen fotos. Lo que no se ve, no existe; y no se ve casi nada. Pasan mogollón de cosas raras por la noche pero todo el mundo está sobando. Un fotógrafo espabilado hace maravillas. Ni puñetero caso a las demandas cívicas de los vecinos de La Boquería; como aquí a los del Carmen, Nazaret o Russafa, el municipio obedece a la prensa. Y ésta, ojo, no siempre es la “opinión pública”, sino mera manipulación para ganar dinero.
El despliegue mamporrero en el Raval es escandaloso y desproporcionado. Se putea a las putas, valga la redundancia, pero no se intercepta a la mafia de todos los colores que, a bordo de cochazos, controla el negocio. Es como intentar pacificar conflictos armados sin meter mano a los traficantes de armas. Un parche, para la galería, que enfrenta a los currantes de la seguridad con las mujeres. ¿Acosar a las chicas explotadas en lugar de intervenir contra las mafias adineradas? En una ocasión, policías antimafia me confesaron no disponer de vehículos e indumentaria apropiada para seguir a los malos. Se hacen redadas de drogotas callejeros con mucho despliegue pero se toleran garitos de lujo narcótico, o se ignoran. Hay locales que son una especie de Sodoma y Gomorra, con trifulcas en la calle de madrugada, putas, drogas y señores importantes. Hay porteros con pinta de matones del Este que se esfuman cuando llega la ley; la poli visita con asiduidad estos locales, debido a las denuncias, pero los tugurios siguen abiertos, para sorpresa vecinal.
La pasma y la prensa van a lo fácil, en lugar de atacar al usuario y combatir el cinismo que supone usar a las chicas y desentenderse de su horrenda condición de víctimas de la trata, la cosa va por el estúpido debate de si hay que prohibir la prostitución. Por cierto que también es sabido que uno de los más importantes putiferios de esta ciudad tiene por socio a un antiguo policía. Y lleva décadas.
El estado capitalista y socialdemócrata no aprende. Están prohibidos los narcóticos y se drogan ya hasta los jugadores de mus en los pueblos. El taimado debate sobre la prostitución parece en manos de moralistas del Opus. Y la izquierda no tiene nada que decir. Si la derecha filofranquista española es de sainete de los Quintero, la izquierda del PSOE e IU es medrosa y cobardona. Se conoce que no desean que los relacionen con la FAI o la CNT de los años 30. Ni ha puesto firmes a los curas medievales ni ha organizado bien a la policía, dejando además que los cuerpos armados municipales vayan cada uno a su aire. No hay tiempo para formación y reciclaje, se trata de dar la placa y el pistolón cuanto antes para que la peña vea mucho uniforme por la calle.
Regresando a Barcelona, escribió hace poco el maestro y chamán Juan Goytisolo, sobre su amigo Jean Genet, que el Raval, el legendario Barrio Chino de Barcelona, jamás podrá ser domesticado. Por mucho que se empeñe el soberbio gobierno de la Generalitat, pasarán muchos veranos tórridos antes de que se pueda destruir por completo el tejido popular del barrio. Significativo es que el lobby catalán arremeta contra las putas por unas fotos y sea incapaz de reprimir el megabotellón de fin de semana que organizan turbas de turistas anglosajones por la Plaza Real y alrededores.
He visto bandas, qué digo, turbas de hembras nórdicas, cada una con una botella en ristre, borrachas perdidas y felices de encontrarse en un país donde el gamberrismo alcohólico no está mal visto; antes era cosa de machos, como los toros, pero ahora se ha incorporado el elenco femenino, y con fuerza. Pero el sexo es tabú porque aquí, jodidos, aun manda la Iglesia y la oligarquía santurrona de perversa doble moral. Y como dijo Wilde, todo moralista es, por lo general, un hipócrita.

ABELARDO MUÑOZ