Se demora una ley de libertad religiosa que facilitaría limpiar los espacios públicos de crucifijos (Foto: Turia).
¡QUÉ CRUZ, LA DE LAS AULAS!
 

Recientemente, una tenaz madre (coraje) en el país de los Berlusconis llevó una demanda hasta la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo con el fin de que se reconociera como atentado contra la libertad ideológica el que los crucifijos presidieran las aulas del colegio al que acudían sus hijos. Y se trataba de Italia (no de Valencia), país de larga tradición y asentamiento católicos, pero la buena mujer decidió ir a los tribunales ¡en 2.002! Como no le hicieron el caso debido en su mediatizado país, recurrió a la alta instancia europea, y ésta, la misma que reconoció motivos para ilegalizar a Batasuna, le ha dado la razón, y reconoce que la presencia permanente de la cruz cristiana en el aula implica «una violación de la libertad religiosa de los alumnos». Causa perplejidad el recorrido que ha precisado el caso para que se reconozca que dicho signo religioso omnipresente (¿como sucedáneo de lo que representa?) en escuelas y lugares públicos constituye una subliminal coacción moral, y debiera causar sonrojo a los defensores de su religión el que tras dicho dictamen, la curia eclesiástica se apresure a alertar que sería un “atentado a la libertad religiosa” retirar los crucifijos de dichos enclaves, pues con ello delatan la estrechez y restricción de su concepto de libertad: no cabe para sus “eminencias” más libertad que la de los teócratas, y un estado aconfesional haría dejación de sus funciones. Este caso puede traer cola, pues ya amenazan con un recurso que puede prolongarse meses o años. Y en nuestro Congreso de los Diputados, bajo presión de la jerarquía eclesiástica, se demora una ley de libertad religiosa que facilitaría limpiar los espacios públicos de crucifijos…
Los creyentes dicen que dios creó al hombre a su imagen y semejanza (en contradicción con su anunciada omnipotencia: le faltó originalidad), y muchos descreídos afirmamos que fue a la inversa: que ciertos hombres inventaron y rediseñan permanentemente un dios a imagen y semejanza de sí mismos y de sus intereses, como medio de vida. Los bandazos que a lo largo de los tiempos han dado sus doctrinas así lo constatan: si inicialmente fueron opuestos al poder y a sus riquezas, después se encumbraron en ambas cosas, negaron “el alma” de la mujer o del extranjero en ciertos momentos para justificar el esclavismo, condenaron a “herejes” que enunciaban verdades como templos: Servet, Galileo, etc., siempre en nombre de una autoatribuida revelación divina nunca demostrada… qué fácil fue ejercer de gurú-charlatán en la antigüedad, con estatus vitalicio y respetado por la ignorancia objetiva del todo. Actualmente no es que lo sepamos todo, pero sí que muchas de las afirmaciones mayúsculas que nos venían infundiendo son falsas, y las sociedades que se han liberado de la teocracia, incluida la española, viven cotas de bienestar y autonomía mucho mayores que cuando eran tuteladas a sangre y fuego por la doctrina religiosa. ¿Y los valores? nos dirán. Se apresuran a atacar la difusión de materias como “Educación para la ciudadanía” porque pretenden que sus endebles normas preparatorias para el más allá sean la única referencia válida en el más acá, pero la realidad de sus practicantes es utilizarlas para un “todo vale” que llena bolsillos de amiguetes de bigotes, con la esperanza, querrán suponer, de que un final arrepentimiento les facilite una feliz vida eterna, después de la vida padre.
Por su parte, como “vendedores” de servicios eclesiásticos, es indudable quiénes gozan de más larga tradición en Occidente, pero también lo es que su posición hegemónica está cada día más cuestionada, y si se les aplicara —todo se andará— el mismo rasero que a las empresas y profesionales, que nos ganamos la vida mediante actividades tangibles y ciertas, quedarían en flagrante evidencia. Ante la multiculturalidad y la generalizada pluralidad visible de religiones, debe haber llegado ya el momento de decirles a todas ellas lo que a cualquier empresa legal: si tienen algo demostrable que vender o contar en público, pueden hacerlo (tangibilidad en mano), pero si se trata de vender humo (temas de fe, los de creer sin ver), háganlo en privado, sin conculcar conciencias, y al margen de espacios públicos, por respeto a la inteligencia colectiva. Todos/as tenemos derecho a no ser víctimas de embaucadores y trileros, ni siquiera de los institucionalizados. Ante tanta cruz, no conviene quedar de brazos cruzados, pues se acabó la época de las tinieblas, mal que les pese.

ALFONS PUIG