Todos estamos al cabo de la calle con el asunto del libro que reproduce una larga entrevista con la reina y el follón que se ha montado a partir de las regias opiniones sobre el matrimonio entre homosexuales y alguna otra cantada. Lo cierto es que había más, pero nadie hasta ahora se había atrevido a reproducir determinados pasajes de la conversación. Pero aquí estamos nosotros para deshacer el entuerto. Porque, vamos a ver, ¿por qué la real dama no tiene derecho a decir lo que le plazca? Porque vive del cuento, es decir, del erario público. Pero también viven del cuento, o sea, del erario, diputados, senadores y asimilados, y mira que largan. Esto no habría pasado nunca, de no mediar el golpe militar de 1936 y lo que vino detrás. Ahora toca apechugar con las consecuencias. Por encima de todo transparencia, señores. Por eso reproducimos los pasajes ocultos de la real charla.
Pilar Vulcano.- Señora, ¿cuál de sus reales nietos está destinado a suceder al príncipe en el trono?
La reina.- Pues mira, chica, me alegro de que me hagas esta pregunta, porque en nuestros reales aposentos estamos algo intranquilos por esta cuestión.
Pilar Vulcano.- Por la vigencia de la Ley Sálica, la que impide que las mujeres reinen…
La reina.- Sí, en parte, aunque eso se puede arreglar. Eso nos han dicho los partidos de orden, que lo apañarán, pero no me acabo de refiar, ¿sabes? Porque tienen que abrir no sé qué melón. Y yo, la verdad, no sé que tiene que ver la reforma de la Constitución con las frutas y verduras. Un melón se abre para comérselo y la carta magna se abre para leer, consultar o coger el sueño, pero debe ser bastante indigesta. O sea, que no sabemos por donde tirar.
Pilar Vulcano.- Pues, si me lo permite su realeza, yo creo que lo acaba de decir. Se trata de tirar, pero que se la tire bien, a ver si sale chico.
La reina.- Esa es otra. Yo no sé qué posturas hacen servir hoy en día en los principescos lechos. Porque en mis tiempos, la postura del misionero era, ¿cómo decirlo?, bastante eficaz. Y en un chis pum te quedabas en estado de real buena esperanza.
Pilar Vulcano.- Y en nueve meses, heredero al canto.
La reina.- Sí, en eso la realeza somos bastante parecidos a los siervos y plebeyos. Hay que esperar nueve meses, pero así da tiempo a enviar las invitaciones, a que te hagan los regalitos y te fabriquen los reales pañales, y en fin…
Pilar Vulcano.- Bueno, pero si no abren el melón y reforman la Constitución…
La reina.- Pues entonces comeremos otra cosa que no sea melón, y para coger sueño sintonizaremos Canal Nueve, que ahí sale ese chico beato, Paquito Camps. Oírle es como rezar antes de dormir: Jesusito de mi vida, eres niño como yo, por eso te quiero tanto, y te doy mi corazón. Tómalo, tómalo, tuyo es, mío no.
Pilar Vulcano.- Sí, pero si no reforman la carta magna, ¿cuál de los infantes o infantas accederá al trono?
La reina.- Ay, pues ¿cómo quieres que lo sepa, querida?, tengo tantos… Si es que, como los gastos de manutención van a cargo de la tesorería del reino, pues cuando les entra la vena, se ponen a procrear como reales conejos. Mientras lo hagan con sus respectivas parejas y no me líen…
Pilar Vulcano.- ¿Usted a quién preferiría, al infante de su alteza primogénita, o a la primogénita del príncipe?
La reina.- Gustarme, gustarme, me gustó mucho Sean Connery en el papel de rey Ricardo Corazón de León, cuando salía al final de la película de Robin Hood que protagonizó Kevin Costner. ¡Pero, qué guapo es ese hombre!
Pilar Vulcano.- Ya veo que no le voy a sacar más de la herencia.
La reina.- ¿De qué herencia? ¿Te crees que voy a dejar algo? Yo también me apunto a la cultura del esfuerzo, como Bill Gates. El que quiera algo, que se lo gane. No voy a dejarles ni la cubertería. Como dicen en Valencia del Cid, «Qui vinga darrere, que arree!».
Pilar Vulcano.- ¿Y eso qué significa?
La reina.- Pues no lo sé exactamente, porque yo no soy de aquí, pero creo que tiene que ver con el urbanismo y el dinero fácil, eso que tanto se lleva por feudos levantinos.
Pilar Vulcano.- ¿Qué opina del matrimonio entre homosexuales?
La reina.- Eso es imposible. Yo no estoy en contra de los homosexuales, pero les hacía con más conocimiento. Porque antes había que guardar las apariencias y había mucho mariquita casado por el qué dirán, pero los homosexuales son gente seria, educada, formada y con amplitud de miras. ¿Para qué habrían de casarse? Lo mejor es que se amanceben. Y sin complejos, como dirían los republicanos.
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