Doce son las pruebas o trampas que el sádico y malvado traficante de armas propone al policía mazas de turno, pero son muchas más, —referidas a ideas, tiempo, espacio, pirotecnia, disparos, explosiones, saltos, carreras contra reloj, etc.— las que propone este thriller-ensalada con enfrentamientos interminables y accidentes de circulación, tranvías sin frenos, helicópteros a todo riesgo, coches (y ocurrencias) de bomberos, casas que vuelan por los aires, abolladuras y moratones para todos los gustos. Casi, porque —-precisamente por ese ritmo pretendidamente frenético—- resulta aburrida e interminable. La ambientación en Nueva Orleáns, después de la devastación, puro oportunismo sin la menor vergüenza.
PEDRO URIS |