Tarde o temprano se tenía que trasladar al cine la exitosa novela de Ángeles Mastretta (Puebla, México, 1949), publicada en 1985, en España por Alfaguara. El problema de partida es que se necesitaban abundantes medios económicos para contarnos una historia que arranca en 1932 y que se prolonga hasta 1947. Por fin ese dinero se ha podido reunir en la que ya es la más cara producción del cine mexicano, 3´5 millones de euros, cifra que nos puede parecer ridícula, pero estamos hablando de cinematografías muy diferentes a la norteamericana e incluso la española.
Arráncame la vida (título de una popular canción de Agustín Lara) cuenta la historia del caciquismo mexicano a través de la figura de un militar que va ascendiendo en la escala política y social a base de métodos corruptos y mafiosos, que no descartan el crimen organizado. El magnífico actor Daniel Jiménez Cacho realiza un estupendo retrato de este personaje que ejerce su dominio en todos los terrenos, incluido el de la vida sexual, donde campa a sus anchas, ya sea con su misma esposa o con las amantes, de las que tiene varios hijos. Es su mundo natural y no halla nada extraño en su comportamiento. Pero el film se centra, como la novela, en el personaje de una adolescente de 16 años que decide unir su vida a la del apuesto militar, mucho mayor que ella, como una forma de aventura, de huir de casa (de conocer el mar). La actriz Ana Claudia Talancón (ya nos llamó la atención en El crimen del padre Amaro, 2002, de Carlos Carrera) compone un moderno retrato de mujer, fría y distante cuando es necesario, que sabe moverse en una sociedad tremendamente machista, cuyos valores nadie pone en duda. Descubre y reivindica su propia sexualidad. Aguanta y aguanta, aunque poco a poco va construyendo un futuro que será diferente. El símbolo de su ruptura con el macho dominante se produce en la escena en que ella ya no acudirá a su habitual llamada contando hasta 300.
La película reflexiona sobre el fin de una época, tanto en lo político, lo social y lo personal. Por supuesto que la sociedad mexicana debe haber evolucionado mucho desde los años en que está situada la historia del film. Pero nos tememos que queda muchísimo por hacer, a tenor de las noticias que vienen de allí y de lo que nos cuentan mexicanos ilustrados.
En todo caso, Arráncame la vida queda como un film demasiado ilustrativo de la novela de Mestretta. Destila corrección por los cuatro costados, incluida la magnífica fotografía de Javier Aguirresarobe, pero se echa en falta una mayor profundidad de los personajes y sus circunstancias.
ROBERTO SNEIDER: Crítica de DOS CRÍMENES (1.660).
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