Cuando se estrenó en Valencia El árbol de los zuecos (Ermanno Olmi, 1978) se originó entre los más inquietos cinéfilos del momento una gran polémica acerca de su mayor o menor validez respecto a Novecento (Bernardo Bertolucci, 1976) a la hora de dar testimonio de la situación del campesinado del norte italiano de principios del siglo XX. Bertolucci era un marxista que aplicaba el materialismo histórico para interpretar la realidad socio-económica y Olmi aplicaba un ideario democristiano tendente a retratar las relaciones laborales de forma bastante costumbrista e idealizada. Paradójicamente, los militantes de extrema izquierda hicieron entonces —los años de la Transición democrática— frente común con los católicos con el único objetivo, supongo, de torpedear el homenaje que Bertolucci rendía en su película a los históricos luchadores del Partido Comunista italiano. El enfrentamiento no resultó fructífero pues ni evitó el dogmatismo de unos ni el sectarismo de otros, saldándose la discusión con la coyuntural alianza (contra natura) de los más “revolucionarios” con los partidarios de la resignación cristiana.
Treinta años más tarde, Cien clavos (2007) viene a esclarecer un poco más la cuestión pues Olmi ha trazado una fábula moral preguntándose qué hacer y cómo actuar en el complejo y convulso mundo actual. La respuesta es una parábola evangélica de aires franciscanos que predica el regreso a la sencillez y modestia de una existencia en medio de la Naturaleza y la confraternización con nuestros semejantes frente al consumismo irracional, la burocracia oficial y la estéril cultura libresca.
Olmi no es un beato reaccionario (el cura bibliotecario obsesionado con los textos sagrados profanados es visto como un histérico) sino un veterano cineasta y un sensible narrador que esgrime lícitamente sus creencias y valores a la hora de concebir a esos viejos campesinos a quienes los poderes públicos pretenden sancionar y desalojar de las orillas del Po por la ilegal ocupación de sus riberas desde tiempo inmemorial. Y traza como eje del relato la figura protagonista de un joven profesor de filosofía de Bolonia (experto en Historia de las Religiones) que abandona las aulas universitarias para instalarse pobremente en el campo, renegando de libros, casa, coche y demás signos de la civilización para dedicarse a reconstruir una cabaña, pescar y ayudar a sus vecinos. Su aspecto hierático y solemne es propio del que ha encontrado la verdad y desea propagarla, lejos de los tradicionales saberes académicos (se olvida que los libros constituyen una síntesis de las experiencias humanas y que éstas a su vez se nutren de las enseñanzas de los libros), como un nuevo mesías que predica el amor al prójimo con mensajes de resonancias evangélicas y referencias ecologistas. Al final incluso asume simbólicamente el papel de Jesucristo antes de desaparecer misteriosa y definitivamente. Una vez más en Olmi, la falta de dialéctica social sólo le permite representar a los humildes y mansos de corazón como conformistas habitantes de una Arcadia feliz, como “clases pasivas” idealizadas en cuyas conciencias el forastero intentará sembrar la semilla de la rebeldía contra la injusticia.
Bella fotografía y muchos actores no profesionales (al modo neorrealista) en un film que invita a los intelectuales a comprometerse con el mundo, abandonando sus torres de marfil, y que exige a los creyentes una fraternidad similar a la de los primitivos cristianos.
ERMANNO OLMI: Críticas de EL EMPLEO (48, 96, 1.259, 1.857), UN CIERTO DÍA (631), EL ÁRBOL DE LOS ZUECOS (820, 1.525), LA LEYENDA DEL SANTO BEBEDOR (1.348, 1.577), I FIDANZATI / LOS NOVIOS (1.873), IL TEMPO SI É FERMATO (1.882), PRÓLOGO: GÉNESIS, LA BIBLIA (1.975, 1.981) y EL OFICIO DE LAS ARMAS (2.097).
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