Normalmente, las películas biográficas no suelen caracterizarse por cuestionar a las figuras retratadas, limitándose a rendirles homenaje de admiración por sus abundantes virtudes (reales o inventadas). Los mecanismos utilizados habitualmente para ello van desde la edulcoración de los traumas a la supresión de los episodios más escabrosos y desde la sublimación de los rasgos físicos a la conversión de la sexualidad en bello romanticismo. En esta ocasión, el relato de la vida de Gabrielle B. Chanel (1883-1971), conocida universalmente como Coco Chanel, se circunscribe a sus años de infancia y juventud, cuando la niña abandonada, pobre e inculta, pasa a trabajar de cabaretera, de modistilla y sombrerera, hasta que un amante poderoso le financia su propio taller que le permitirá, en 1926, iniciar una carrera de éxitos como empresaria de la alta costura y de la moda en general (vestidos, perfumes, bolsos, etc.).
El guión está inspirado en la biografía escrita por Edmonde Charles-Roux (ex redactora-jefe de la revista “Vogue”) y la puesta en escena de Anne Fontaine (Luxemburgo, 1959) destaca por su sencillez, fluidez narrativa y uso de planos medios que resaltan el encanto de la actriz protagonista, Audrey Tautou, y especialmente sus habilidades en el arte del corte y confección, aprendidas en el hospicio, que desarrolló con talento y tenacidad hasta organizar años después el desfile de modelos que la consagró definitivamente como reina de la moda, secuencia que sirve para poner fin a la película.
Sin duda se han eliminado o suavizado algunos episodios incómodos de la vida de esta eterna soltera, una “mantenida” que pudo trabajar y triunfar en lo que le gustaba, aunque el film se interesa especialmente por los momentos más significativos de su privacidad, como el refinamiento de sus modales logrado por la dedicación de su protector. Pero como muestra la cinta, la importancia de Coco Chanel no sólo se limita a la esfera comercial o estética sino también a la sociológica: su independencia personal la llevó a creer en el la relación amorosa sin necesidad del matrimonio institucional. Y para la mujer en vías de emancipación supuso el abandono de los atávicos refajos (corsés, rellenos, ornamentación barroca, etc.) que oprimían su cuerpo para ganar en comodidad y libertad sin perder por ello en elegancia. Todavía sigue siendo famosa por sus osados diseños andróginos (pantalones, cabellos cortos, figura delgada, consumo de cigarrillos, etc.) que abrieron las puertas a la mujer moderna. Que se lo pregunten, si no, a Marlene Dietrich o a Katharine Hepburn.
ANNE FONTAINE: Críticas de LIMPIEZA EN SECO (1.777, 1.864) y NATHALIE X (2.156).
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