Una escena de CALLE SANTA FE, de Carmen Castillo.
(4) CALLE SANTA FE, de Carmen Castillo
La dignidad en la mirada

Los recuerdos del trágico día en que la vivienda santiagueña de Carmen Castillo y Miguel Enríquez, secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, fue atacada por el ejército son el punto de partida de una exhaustiva reflexión sobre la resistencia contra Pinochet y el propio significado de la misma, plasmada en un documental imprescindible, que impresionó en sus pases en los festivales de Cannes, San Sebastián y Nueva York. A partir del asesinato de su esposo en el hogar de la calle Santa Fe, donde ella resultó herida, perdiendo el bebé que esperaba y salvando la vida por la intervención heroica de un vecino, la película avanza como un ramaje que se abre, entrelaza y bifurca en múltiples direcciones. La directora y guionista Carmen Castillo explora en las fuentes del pasado, a través de los archivos, las entrevistas, las filmaciones de los setenta, ochenta y noventa, desde el exilio en Francia al que la condenó la dictadura y su regreso al país. Los múltiples frentes de reflexión abiertos sobre otros tantos temas implicados en la lucha clandestina, la dignidad y la mejor manera de mantenerla, así como el valor último del sacrificio, son un puzzle casi enciclopédico que, a lo largo de casi tres horas, Castillo se propone armar con la imprescindible colaboración de los recuerdos de vecinos y amigos reencontrados, incluyendo el emotivo testimonio de quien la salvó de morir desangrada, un héroe anónimo, un ser humano que aún en la actualidad resta importancia y trascendencia a su pequeño/gran acto de amor y desafío a la barbarie. A ese rompecabezas de imágenes y testimonios se añade, casi como una película dentro de la película, una tremenda revisión política del propio Movimiento de Izquierda Revolucionaria, además de un análisis interno que estudia los resortes que han permitido sobrevivir en la sociedad a las personas que han sido torturadas, que han puesto sus vidas al servicio de la lucha por la libertad, organizándose en la clandestinidad o en el exilio, prestando oídos a las voces de sus antiguos camaradas o de padres de asesinados, pero sobre todo, inolvidable y sin palabras, la mirada de Christian, clavada en los ojos del espectador, que conmueve y expresa mejor que cualquier discurso la inseguridad de la certeza, la duda de la revisión y, por encima de todo, la admiración por el monumental compromiso de una generación de chilenos y chilenas.

EVA PEYDRÓ