Esta película ha sido un gran éxito comercial en Francia, cosa lógica si pensamos que se trata de una comedia protagonizada por adolescentes llena de concesiones a la taquilla y planteada para reconfortar al público soslayando los problemas más acuciantes de los quinceañeros para dar de ellos una visión bastante azucarada y sentimental, prevaleciendo lo anecdótico sobre las cuestiones más esenciales.
Es el tercer largometraje de la realizadora y actriz Lisa Azuelos, que confiesa haberse inspirado en títulos de los años 70 y 80 de similar contenido y firmados por Claude Pinoteau, Michel Lang y Claude Zidi. En el reparto destaca la presencia de Sophie Marceau y de la veterana Françoise Fabian (una de las musas de la Nueva Ola en los 60), pero la mayoría son jóvenes actores y actrices que encarnan a estudiantes de clase media y burguesa, bastante “pijos” por cierto, que nunca se plantean cuestiones de carácter económico pero sí amoroso y sexual con sus colegas de Instituto o de falta de sintonía con sus padres.
Lol es un film postmoderno sin valores preestablecidos donde todo es provisional y todo es útil mientras sirva para satisfacer las necesidades inmediatas del individuo. Escuela y hogar son los escenarios elegidos para mostrar las ocupaciones, sueños y frustraciones de estos adolescentes cuya ropa y lenguaje especial remite a códigos de identidad y de exclusividad frente a los adultos, estableciéndose una relación de mutua desconfianza entre una y otra generación, incapaces de comprender y tolerar los modos de vida ajenos.
Hay detalles cotidianos bien observados sobre esa edad conflictiva, transitoria, en la que quienes han dejado ya la infancia atrás necesitan afirmar la propia personalidad: protagonismo en la escuela; amoríos, celos y primeras experiencias sexuales; canutos; música de moda; secretos diarios personales; padres divorciados, etc. con el Internet y los teléfonos celulares como instrumentos de comunicación inmediata, aunque en las especiales relaciones entre madres e hijas, por ejemplo, esta alta tecnología pueda servir de poco. Una realización ágil y brillante permite que el relato pase rápidamente de una secuencia a otra, ofreciendo al espectador de forma sintética multitud de detalles bien observados que nos permiten tener una idea de conjunto, exterior, de toda una nueva generación acompañada en la banda sonora por canciones pop y rock que revelan sus preferencias musicales.
Comedia optimista, pues, con situaciones divertidas de las que podemos sacar algunas conclusiones válidas: que el amor casi nunca es definitivo sino provisional y que entre padres e hijas suele establecerse una ambigua doble moral, por una parte inclinada a la libertad en aras de la modernidad y por otra sometida a la prudencia como necesario mecanismo de protección ante la inexperiencia de los más jóvenes.
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