Adriana Altaran, Helge Schneider y Ulrich Mühe, en una escena de MEIN FÜHRER, de Dani Levy
(3) MEIN FÜHRER, de Dani Levy
Retrato freudiano de Hitler

A la hora de citar los antecedentes fílmicos sobre Hitler y el nazismo, contemplados bajo el peculiar prisma de la sátira, es inevitable referirse a El gran dictador (Charles Chaplin, 1940) y a Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942), filmes magistrales prohibidos por los censores franquistas —amiguitos del alma— durante largos años. Su influencia en Mein führer es muy palpable aunque se pueden rastrear también confluencias (casuales o no) con otros títulos, como es el caso de Berlanga (los decorados que camuflan la miseria de Bienvenido Mr. Marshall) y de Saura (el brazo escayolado y alzado de La prima Angélica).
Dani Levy, cineasta judío con notables antecedentes, ha declarado que nunca ha creído en el documental y el drama como géneros capaces de recrear la tragedia del Holocausto porque es el humor, mejor si es absurdo y surrealista, el más apropiado instrumento para representar en cine todo el horror de aquellos crímenes, alabando la poética comicidad de Roberto Benigni en La vida es bella.
Co-protagonizado por Hitler (Helge Schneider) y por un antiguo actor judío que había sido profesor suyo de interpretación teatral (Ulrich Mühe, el personaje central de La vida de los otros), Mein führer fue rodado con ayuda de maquetas y de efectos digitales para mostrar un Berlín en ruinas alrededor del edificio de la Cancillería del Reich en el tránsito de 1944 a 1945, con un dictador ya enfermo, deprimido y consciente de la inminente derrota, a quien los jerarcas nazis preparan un inflamado discurso de año nuevo para elevar la moral de resistencia del pueblo alemán.
El mérito principal de la película, atribuible al talento como guionista y realizador de Dani Levy, es el singular tono del relato, una inteligente y corrosiva parodia del dictador y de su régimen totalitario que echa mano de la ironía, la paradoja, la burla y los gags más delirantes (presentes en frases, gestos, decorados, objetos y vestuario) para urdir una fábula mucho más humanista que política y que hace discurrir sabiamente entre la ficción disparatada y la verosimilitud histórica, muy lejos por cierto de la burda caricatura elaborada por el productor Mel Brooks en Soy o no soy.
A destacar, finalmente, tres rasgos relevantes: la música intimista de Niki Reiser; el determinante enfoque psicoanalítico del personaje de Hitler, instrumento a la vez de conocimiento profundo y de humor desmitificador (la regresión a la infancia, los castigos de su padre, la mediocridad sexual y el complejo de inferioridad como causas de su fanatismo vengativo y agresividad…); y el epílogo con la encuesta sobre Hitler y el nazismo (un periodo desconocido para los más jóvenes) como una llamada a favor de la memoria colectiva y contra el olvido.
DANI LEVY: Entrevista (1.352) y críticas de ROBBY, KALLE, PAUL (1.351, 1.491), I WAS ON MARS (1.620), DU MICH AUCH / Y TÚ A MÍ TAMBIÉN (1.988) y LA JIRAFA (2.120).

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