Simon Pegg y Megan Fox en una escena de NUEVA YORK PARA PRINCIPIANTES, de Robert B. Weide.
(2) NUEVA YORK PA PRINCIPIANTES
La Feria de las vanidades

Inspirado en la experiencia profesional del periodista británico Toby Young, que tras dirigir su propia revista basada en la burla contra las celebridades fue contratado como cronista de actos sociales por Vanity Fair, catálogo de moda y complementos y ejemplo de periodismo adulador como ninguno, el realizador Robert B. Weide elabora una discreta pero ácida comedia romántica que carga sin miramientos contra la falsedad y la mentira que rodea al mundo de los famosos, exponiendo su vacuidad y sus excesos, ensañándose simultáneamente contra la prensa del corazón y las revistas de moda, siervas de las marcas y adictas al glamour de las estrellas, como ya denunciara otro film de similar temática, El diablo viste de Prada (2006).
Nueva York para principiantes pierde fuelle, no obstante, por la cobardía de sus responsables, que traicionan la intencionalidad crítica del libro a partir del cual se basa el film —«Cómo perder amigos y caerle mal a la gente», del citado Toby Young— para convertirlo en la previsible historia de un hombre que acaba logrando lo que deseaba, vendiendo sus ideales, para acabar dándose cuenta de lo realmente importante en la vida: la fidelidad a uno mismo y, por supuesto, el amor romántico.
Pero a pesar de todo, de la deriva sentimental, de la caricaturización de los personajes secundarios y del inevitable toque frívolo-escatológico de algunos gags, como comedia Nueva York para principiantes funciona estupendamente, gracias a la frescura del cómico Simon Pegg —al que vimos en la reciente Corredor de fondo (2007)—, a la desacralización de ambientes supuestamente exclusivos y a cierto toque de comedia clásica —alusiones y paralelismos con La Dolce Vita o Desayuno con diamantes— que la desmarca de otros films del género, actualmente en cartelera, como Ejecutiva en apuros y La proposición. Se deja ver.

PAU VANACLOCHA