(1) SEX DRIVE, de Sean Anders
Ya eres un gran chico

Un relato adolescente de iniciación al sexo en la desdichada la línea de conocidos y frecuentes productos norteamericanos actuales de similar temática, con su rosario de alusiones sexuales y de escatologías corporales -en el fondo no tan lejanos del puritanismo reprimido de la comedia celtibérica española de los sesenta- y con la pequeña novedad de una trama emocional más armada de lo habitual, por más que los continuos disparates y salidas de tono (la delirante visión de la comunidad amish) impidan tomarse nada mínimamente en serio, y eso que, por momentos, el que suscribe creyó encontrar huellas del film de Coppola que sirve de encabezado de estas líneas, Ya eres un gran chico (1966), ya sea en la romántica historia de amor central, en la visión que en ocasiones la película proporciona de los mayores, o incluso en esa rosquilla / donut con la que se disfraza laboralmente el protagonista, un dulce que allí funcionaba como símbolo de la sencilla e ilusionada inocencia de la juventud... vagas sombras que una enfermiza afición por el chiste fácil y el mal gusto se encarga de disipar apenas asoman en el horizonte.

PEDRO URIS