Javier interviene en el film UNA CIERTA VERDAD.
(3) UNA CIERTA VERDAD, de Abel García Roure
Humana aproximación a la esquizofrenia

El debut en el largometraje del director catalán Abel García Roure (Barcelona, 1975) se ha producido después de un sólido aprendizaje cinematográfico, primero como licenciado en Comunicación Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra y, sobre todo, tras la experiencia adquirida como ayudante de dirección en los films En construcción (2001), de José Luis Guerín, El cielo gira (2003), de Mercedes Álvarez, Cravan vs Cravan (2002) y La leyenda del tiempo (2005), de Isaki Lacuesta. Como se puede deducir, García Roure se ha movido en el terreno de la escuela documentalista catalana contemporánea. Por ello es normal que Una cierta verdad se inscriba en esa corriente.
Con el precedente de la película Monos como Becky, del maestro, ya fallecido, Joaquim Jordà, el director aborda el tema de la esquizofrenia, enfermedad que conoció bastante de cerca porque la padeció la madre de un amigo, que es psiquiatra, y con quien ya realizó un cortometraje recogiendo curiosas anécdotas. Ahora se sumerge en un centro de salud mental del extrarradio barcelonés, concretamente en el Hospital Parc Taulí de Sabadell. Durante casi dos años siguió las peripecias mentales y humanas de cinco enfermos que padecen psicosis grave, con tendencias a la esquizofrenia y paranoias varias. Todos se desnudan ante la cámara, unos más que otros, aunque llama poderosamente la atención Javier, que lleva veinte años padeciendo alucinaciones auditivas y delirios sobre temáticas cósmicas. A veces, sus razonamientos son muy inteligentes y dejan fuera de juego incluso al médico que sigue su enfermedad. Antológica es la larga secuencia de ambos en el domicilio del paciente, con una cámara que no pierde detalle. En ocasiones se puede llegar a dudar sobre quién es el enfermo y quién el médico. Abel García Roure intenta en todo momento una aproximación más humana que clínica a sus personajes. Lo hace con sentido del humor, intentando desdramatizar muchas situaciones. Pero no nos engañemos, a pesar de la lógica de determinados razonamientos, estamos ante unas personas enfermas, que casi siempre necesitan estar medicadas. Ante una grave crisis pueden reaccionar de forma violenta, como muestra el film.
A pesar de su larga duración, 136 minutos, la propuesta documental se sigue con interés. Seguidor del cineasta iraní Abbas Kiarostami, Abel García Roure pone en práctica una de sus máximas: “El cine que busca la verdad se apoya en la mentira para alcanzar la autenticidad”.

VICENTE