Primer largometraje del uruguayo Federico Veiroj, experimentado cortometrajista que obtuvo numerosos premios, entre los que destacan los de Gijón y Cinema Jove, de Valencia, por su inquietante Bregman, el siguiente (2004), precisamente porque el protagonista de Acné se llama Rafa Bregman. El film, presentado en importantes festivales, como Cannes (Quincena de realizadores), Toronto y San Sebastián, es una coproducción entre Uruguay, España, Argentina y México, profundamente ligada a la nueva ola del cine uruguayo, decisivamente influido por films como Whisky, uno de cuyos directores ha colaborado con Veiroj en el desarrollo del guión.
Un hecho que implica una voluntad de dotar de particular importancia el poder de observación, de aproximarse a los comportamientos desde una distancia y un respeto que se traducen en abundancia de tiempos muertos, de atención a pequeños detalles, movimientos o carencias del personaje central y de los amigos y familiares que componen su entorno. El film habla de los problemas del protagonista, fundamentalmente el acné, la iniciación sexual, el deseo de un beso, pero ligando todo ello, como la peculiar historia del amigo enviado a un kibutz, a una serie de precisas referencias sobre los condicionamientos de una determinada edad, el despertar a un universo de adultos, las contradicciones personales, morales, sentimentales, etc. Pero, en cualquier caso, lo que convierte el film en una obra realmente apasionante es su decidida apuesta por un lenguaje fílmico tan abierto como significativo, radicalmente alejado de lo explicativo o lo sobreexplícito, capaz de resolver las dudas espacio temporales con idéntico rigor: por poner sólo dos ejemplos, a la hora de describirnos la cópula con la prostituta o contarnos la convencional charla con la chica del kiosco.
Un cine moderno y valiente, ajeno a la complacencia y a la gratificación del espectador perezoso, que vale la pena descubrir y aplaudir en la justa medida de una sala de cine.
LLORÉNS |