Tras El factor Pilgrim, El traje y 7 vírgenes, Alberto Rodríguez regresa con una película particularmente madura, compleja y amarga, sólo aparentemente centrada en una larga noche de reencuentro entre tres amigos, dos hombres y una mujer, que rozan los cuarenta y que gozan de respectivas condiciones de estabilidad profesional y económica. Un descenso a infiernos cotidianos de frustración e insatisfacción que va mucho más allá de la simple confrontación con los derroches y desvaríos de la madrugada, para colocar al espectador ante un puñado de seres humanos atrapados en contradicciones y falsas vías de escape.
Dividida en tres grandes bloques, cada uno de ellos centrado en el protagonismo de los respectivos amigos (bajo los epígrafes Los ladrones de cuerpos, Laura-200 y Niebla), la narración se caracteriza por una atomización del tiempo y el espacio, llevándonos de adelante hacia atrás y viceversa, moviendo la larga noche entre cronologías, elipsis y repeticiones desde diferentes puntos de vista, e ilustrando pasados y futuros inmediatos de los protagonistas antes y después de esa noche de cena, copas, droga e insomnio.
El sexo, como determinados brotes de violencia, adquiere un papel relevante, pero también lo hace la vida cotidiana familiar, con todas las dudas e inquietudes del niño, o las quimeras matrimoniales del padre, o el doble juego del animal de compañía (una perra que también parece participar del caos que la rodea), o los roles en el mundo laboral, con los ejemplos de esos empleados que desfilan ante la encuesta, o en los contactos sexuales desarrollados a través de Internet. A partir de esos tres reconocibles personajes, y muy especialmente por la observación de sus entornos, el film nos propone una reflexión madura, por la forma como cuestiona a los personajes respetando sus señas de identidad (con el «conozco o desconozco» que surge como un ácido chiste), y amarga, dadas las escasas convicciones de unos paraísos perdidos o añorados que tampoco lo fueron tanto. Tristán Ulloa, Willy Toledo y Blanca Romero lideran brillantemente, con momentos excelsos, un reparto tan preciso como la mirada propuesta por el cineasta.
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