El particular mundo de Hollywood se puede abordar desde dos puntos de vista, uno dramático, cuyo máximo referente sería la extraordinaria El crepúsculo de los dioses (1950), de Billy Wilder, o a través de la ironía, con un tono de comedia dramática, algo que hizo muy bien el maestro Robert Altman en El juego de Hollywood (1992). El veterano Barry Levinson ha elegido esta segunda fórmula al dirigir la adaptación que de su propia novela (Wath Just Happened? Bitter Hollywood Tales from the Front Line) ha realizado Art Linson, conocedor de los entresijos del mundo del cine como productor de los films El club de la lucha o Los Intocables de Eliot Ness, además de sus trabajos como director y guionista.
Sin llegar, ni mucho menos, a la gran capacidad narrativa de Robert Altman a la hora de realizar una película coral, Barry Levinson sale airoso de su cometido porque trabaja con unos materiales muy atractivos. Utilizando como hilo conductor las peripecias de un importante productor independiente de Hollywood (genial Robert de Niro, siempre pendiente del pinganillo de su móvil y con su mirada escéptica), comprimidas a lo largo de tres o cuatro días, Algo pasa en Hollywood nos ofrece un interesante fresco de un neurótico mundo por el que desfilan egocéntricos directores (Michel Wincott, empastillado hasta la médula), frías y calculadoras jefas de los grandes estudios dispuestas a no perder dinero o el menor dinero posible una vez cagada la película (Catherine Keener), extravagantes representantes de actores (John Turturro en un papel hecho a su medida), propietarios de tintorerías y de emporios de peluquerías (mafiosos, en suma) que quieren introducirse en el negocio del cine, jóvenes candidatas a actriz que se prostituyen para conseguir sus objetivos, seductores triunfadores que acaban suicidándose, el psicoanálisis como una especie de remedio milagroso para arreglar rotas convivencias de pareja, el divismo de actores totalmente intratables (Bruce Willis autoparodiándose)…Y el papel clave que juega el consumo de todo tipo de estupefacientes, aunque sea bajo la fórmula de productos farmacéuticos, además de la hipócrita presencia de la religión, en este caso la judía, para cubrir todo con un barniz de honorabilidad
En esta selva sabe desenvolverse con frialdad, sin perder los nervios, el vaqueteado productor que debe luchar para que su amigo director cambie el final de la película que debe inaugurar el Festival de Cannes, comenzar el rodaje de un nuevo film en el que su principal actor se niega a aceptar determinadas reglas, y paralelamente poner un poco de orden en su vida personal que se mueve entre el afecto que siente por su hija proveniente de su anterior matrimonio, que también esconde un importante secreto (Kristen Stewart, la protagonista de la serie Crepúsculo), mientras intenta evitar los daños colaterales de su presente divorcio de una mujer mucho más joven que él (la siempre estupenda presencia de Robin Wright Penn).
Como ha declarado el novelista Art Linson, “el papel de este productor no es muy diferente al de un ejecutivo de Wall Street o al de un director de un importante hospital”. Según los resultados (económicos) que obtengas, la fotografía de Hollywood te situará en el centro de la imagen o te arrinconará en un extremo. Es un mundo cruel que no perdona los errores (económicos). Algo pasa en Hollywood tiene momentos divertidos, pero te deja un poso que incita a la reflexión seria sobre un mundo que no nos resulta tan ajeno.
VICENTE |