(1) ÁNGELES Y DEMONIOS, de Ron Howard
Las intrigas del camarlengo

Segunda entrega de las aventuras del profesor Robert Langdon, todo un especialista en sacar conclusiones gratuitas a partir de tesoros artísticos del pasado, tras El código Da Vinci y según otra novela de Dan Brown, con una historia que repite muchos de los pasos de su predecesora, trasladando la acción de Paris a Roma y mostrándose un poco más condescendiente con la Iglesia Católica, hasta el punto de empanar -de empanada- en las escenas finales una suerte de armonía entre ciencia y religión absolutamente delirante.
El problema de muchos de estos productos de traca y artificio concebidos y construidos al supuesto gusto del gran público, de muchos de estos films que sólo pretenden “entretener”, y por supuesto del presente título, es la extrema debilidad o la explícita chapuza de sus recursos y personajes, los primeros, los recursos, absolutamente patateros la mayoría de las veces (todos los “signos” que encuentra nuestro protagonista, las “razones” del asesino para no matar a la pareja, las diversas correrías por reconocibles monumentos de la capital italiana, etc.), y los segundos, los personajes, reducidos a puros monigotes condenados a correr, sin ninguna humanidad o sentimiento que despierte la simpatía o la complicidad del espectador. Para colmo de males se pretende sorprender con un desenlace “inesperado”, que no sólo está sacado de la chistera de un trilero, sino que no guarda ninguna correspondencia lógica con todo lo que hemos visto antes, ya que, al margen de reacciones y comportamientos contradictorios que sólo pretenden engañar al espectador, si el plan de nuestro malvado dependía de tantas contingencias de guión como las que suceden en el film, algunas como la del helicóptero, puro despelote, el tipo es simplemente un idiota.

PEDRO URIS