Greg Timmermans y Laura Verlinden en una escena de BEN X
(2) BEN X, de Nic Balthazar
El síndrome de Asperger

En una sola sala, fuera del término municipal de la capital, y en un sólo horario, unas intempestivas 17 horas, nos llega esta estimable coproducción belga-holandesa que constituye el debut como realizador del belga Nic Balthazar, a partir de una novela propia, “Niets is alles wat hij zei”, que ya había convertido en exitoso montaje teatral, “Niets”, con más de 250 representaciones, y que se inspira en un caso real, el suicidio de un adolescente que, según cuenta la película, padecía un apartado del autismo conocido como el síndrome de Asperger, un trastorno del cerebro que se traduce en una alarmante falta de habilidad para relacionarse y unos comportamientos sociales altamente inadecuados, al tiempo que el sujeto manifiesta una atención obsesiva hacia algún tema concreto, en este caso los videojuegos on line, que constituyen para el protagonista su medio de relación con el mundo, a través del heroico alter ego que él mismo se ha creado en la pantalla del ordenador.
La película atiende, pues, un caso excepcional, y no pretende hablarnos de esa nueva forma de relacionarse con los demás y con el mundo a través de la red (me resulta más interesante, por su normalidad, el personaje de la chica que comparte el juego con el protagonista, y que, sin embargo, permanece fuera de campo, aunque aparezca físicamente en las escenas finales), pero en este aspecto el film no posee el alcance clínico o psicológico que hubiera sido de desear, como tampoco llega demasiado lejos en su mirada sobre el acoso escolar, por más que incluya escenas realmente dramáticas al respecto, y resulta en cambio reiterativo en algunos momentos, como si estuviera malgastando su metraje en lugar de profundizar en los temas citados. Unas limitaciones que, no obstante, apenas empañan el mérito de esta sincera cinta que resultó galardonada con varios premios en el Festival de Montreal, pero que ha merecido una sola pantalla en nuestros cines.

PEDRO URIS