Una imagen de BOLT
(2) BOLT, de Chris Williams y Byron Howard
Él no lo haría

Un perro pastor americano con superpoderes descubre que no los tiene y que es un perro normal, simplemente un actor que protagoniza una serie de televisión. Además de que esta historia ya existía antes y se ha filmado con talento, lo que queda en Bolt es un rancio guión, anticlimático, de ritmo desigual y sin ninguna chispa, encarnación de los más tradicionales parámetros de la factoría Disney. La audacia de Lasseter en Pixar, lo deslumbrante por fresco y agudo de Toy story (1995), por ejemplo, se difumina en un producto para público exclusivamente infantil, con caracteres que no evolucionan, que repiten una fórmula ya probada y aprobada y cuyo único guiño es la aparición del bus de Speed (1994), en un film tan plano como el mapa de Estados Unidos que por enésima vez recorren los héroes de una película infantil.
El perro, el gato y el hamster en una bola de plástico sacan brillo a sus propias limitaciones de mascotas estigmatizadas por el estereotipo de perro-simple y gato-siniestro. La factura de la producción y la animación son excelentes, faltaría más, pero la historia carece por completo del talento que nos ha permitido disfrutar más de una vez las últimas grandes películas de animación, sin que perdieran interés en cada visionado, descubriendo nuevos elementos y sintiéndonos felices por poder disfrutar los avances técnicos en animación sin tener que dejar aparcadas las neuronas a la puerta del cine. No sirve de nada preguntarse qué tipo de película habría resultado de seguir el plan inicialmente desarrollado por Chris Sanders (Lillo&Stitch, 2002), con personajes de look más innovador y localizada en el desierto del suroeste americano. Hay lo que hay, una historia sin riesgos que va perdiendo fuelle a lo largo del metraje, producida por el primero de la clase y de la que nos quedamos con la logradísima animación de las palomas, lo más espontáneo del film.

EVA PEYDRÓ