Sara Simmonds y Scoot McNairy en una escena de BUSCANDO UN BESO A MEDIANOCHE.
(3) BUSCANDO UN BESO A MEDIANOCHE, de Alex Holdridge
Nochevieja en Los Angeles

Presentado en festivales como Edimburgo y Tribeca y elegido para clausurar la pasada edición de Gijón, Buscando un beso a medianoche ha sido justamente comparada, comenzando por su decidido blanco y negro, con films como Manhattan, de Woody Allen, o Clerks, de Kevin Smith, probablemente atendiendo a sus respectivas inmersiones en universos sentimentales y en actitudes espontáneas. Menos de veinticuatro horas, con una notable voluntad de seguir de cerca las emociones, los encuentros y las sensaciones de tan concreto margen espacio-temporal, sirven para construir una aguda y divertida comedia cuyos ingredientes se desmarcan de los convencionalismos al uso.
Por la naturaleza de los personajes, por la valoración de lo cotidiano, por las contradicciones mostradas en el comportamiento de los protagonistas y en los amigos o familiares que se dejan ver u oír, por las circunstancias de cita a ciegas en Internet o por las propias expectativas o aspiraciones —él ha llegado de Texas para convertirse en guionista, ella quiere ser actriz— y, sobre todas las cosas, por la demostración de sinceridad y de capacidad de observación que pone de manifiesto la puesta en escena. Buscando un beso a medianoche evidencia su voluntad de construir una divertida comedia sin traspasar la frontera de lo mecánico y lo convencional, con objeto de dotar de fuerza y sensibilidad a sus personajes y de situarlos en un reconocible lugar de gente corriente, capaz de cometer muchos errores y de no acertar a encontrar un sitio o un determinado sentimiento, algo que enriquece con notables connotaciones la observación colectiva de unas actitudes individuales y de un contexto urbano. Como lo transmiten a la perfección secuencias como la de los zapatos encontrados en la calle o el concierto de fin de año. El film, como decía antes, apenas se aleja de la narración temporal, salvo en un par de flash backs (el robo del ordenador o la cita en la playa) tan útiles como hábilmente integrados.

LLORÉNS