Presentado en los festivales de Valladolid y de Sundance, Capitán Abu Raed pretende ser la piedra fundacional de una futura industria cinematográfica jordana dedicada a producir films que reúnan gancho popular y calidad (fue candidato no preseleccionado al Oscar de Hollywood), destinados al mercado exterior y que proporcionen una imagen positiva de los países árabes en el mundo. Para ello se escribió un guión ambientado en la Jordania actual y se eligió como realizador al debutante Amin Matalqa, un jordano que emigró de niño a EE. UU. donde estudió Telecomunicaciones y donde, ya en Los Ángeles, como gran cinéfilo adicto a los clásicos, dirigió numerosos cortometrajes que le permitieron relacionarse con la industria del cine.
La película tiene como protagonista a Abu Raed (el actor Nadim Sawalha), un trabajador de la limpieza en el aeropuerto internacional de Ammán, dotado de una gran bondad e imaginación, que se ganará el afecto y la admiración de la gente, especialmente la de los maltratados niños y mujeres de su barrio. Abu Raed es un pobre autodidacta que no ha podido viajar a otros países pero que logra suplir sus carencias con una cultura forjada a base de libros, fotos, objetos y breves conversaciones con los turistas.
Un relato de tono agridulce, mezcla de drama y de comedia, con hermosa música de Austin Wintory, que utiliza el uniforme (de piloto aéreo) como signo de distinción y de cosmopolitismo, similar a la forma en que El último (F. W. Murnau, 1924) reflejaba el prestigio del uniforme militar entre el pueblo alemán de entreguerras.
A Capitán Abu Raed le perjudica su excesivo idealismo interclasista: nunca habla críticamente de pobres y de ricos, de arrabales populares y de lujosas zonas residenciales sino de personas buenas o malas, de nobles o de mezquinos sentimientos. Pero, como fábula sencilla y bienintencionada, cumple su cometido.
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