Adriana Ugarte, Biel Durán y Nilo Mur en una escena de CASTILLOS DE CARTÓN.
(3) CASTILLOS DE CARTÓN, de Salvador García Ruiz
Pareja de tres

El cine de Salvador García Ruiz, un autor exigente donde los haya, parece despojarse progresivamente de esa carga emocional que, si atendemos a los códigos tradicionales de la pantalla, reclaman sus poderosas historias, por este orden Mensaka, El otro barrio, y ahora estos Castillos de cartón, inspirados en una novela de Almudena Grandes, una escritora con buena relación con el cine, que plantea un ménage a trois situado en un pasado reciente, deducimos por la ambientación y algún que otro detalle (el atentado mortal de ETA, o la película de Chavarri El desencanto emitida por televisión), que en los años ochenta, aunque este marco social apenas ejerce la función de decorado de fondo de la aventura en la que se embarcan los protagonistas, tres jóvenes que inician, con la justificación de una artimaña narrativa que mezcla los porretes y un improbable plan tramado por el chico que interpreta Biel Durán, una relación a tres bandas que viene marcada tanto por la presencia de algunas reglas, tienen que estar los tres juntos a la vez en la cama y no se admiten las relaciones a dos por separado, como por las discapacidades sexuales de varios de sus miembros, la impotencia de uno y la dificultad para alcanzar el orgasmo de la otra, unas circunstancias que terminan adquiriendo un especial relieve en la narración, ya que o bien suponen una dificultad decisiva para dar al traste con el proyecto, o bien subrayan con su superación algunos de los momentos cumbres de la historia (el polvo en el servicio de los padres de la chica), acotando / limitando de este modo ese discurso en torno a nuevas formas de entender la sexualidad y las relaciones que parece constituir la intención final del relato, toda vez que, como hemos apuntado, el entorno importa bastante poco.
Con un superávit de escenas de besos, polvos y abrazos, todas ellas rodadas con una destacable distancia; con un impecable trabajo de sus tres jóvenes protagonistas (Adriana Ugarte, Biel Durán y Nilo Mur); con algunas buenas anotaciones acerca del arte de la pintura que une a sus protagonistas; y con algunas salidas al “exterior” no demasiado conseguidas (la revelación del trío en la verbena popular, o en general todo lo referido a la familia de la chica); la película constituye una interesante propuesta que no termina de concretar sus expectativas, al menos las mías, destacando por los riesgos que asume, tanto en la elección del tema como en la mirada dispuesta para abordarlo, por el rigor que demuestra a la hora de contemplar a los personajes y sus relaciones, al margen de que alguna ocasión no acierte en el centro de la diana, y por ese aliento helado que confiere tanto a los momentos de gozo como a los de dolor; pero decepcionando, en cierto modo, cuando las anécdotas mencionadas, las condiciones particulares del trío, impiden que la historia indague y trascienda uno de los tabúes más arraigados de la especie humana: la vida en pareja.

PEDRO URIS