Doroteea Petre (en el centro) en una escena de CÓMO CELEBRÉ EL FIN DEL MUNDO.
(3) CÓMO CELEBRÉ EL FIN DEL MUNDO, de Catalin Mitulescu
Adiós, Ceausescu, adiós

Una coproducción franco-rumana que propició el premio a la mejor actriz para la joven Dorotheea Petre en el festival de Cannes 2006 y que cultiva la memoria histórica mediante los recuerdos del guionista y realizador Catalin Mitulescu. El film, protagonizado por dos hermanos, Eva (17 años) y Lalalilu (7 años), es una tragicómica crónica familiar, ambientada en Bucarest, que refleja el último año (1989) de Ceausescu en el gobierno, barajando el asfixiante clima propiciado por la represión política y la gris existencia cotidiana cuya monotonía y falta de expectativas sólo era mitigada por el calor humano de personas sin especiales atributos.
Dotado de buenas formas narrativas, Cómo celebré el fin del mundo es el emotivo relato del colapso de una época (mostrada con decorados, vestidos y objetos de los años 70-80) que significó el paso de la dictadura a la democracia, del partido único a la libertad, aunque gran parte de las esperanzas colectivas resultaran fallidas: el exilio de Eva a través del Danubio deja paso más tarde a su necesaria emigración laboral (bellas imágenes del barco turístico). Se trata, pues, de una clase de relato que conocemos bien en nuestro país donde muchas series televisivas y películas han abordado el tema de la larga agonía del franquismo y de la transición. Aquí, algunas imágenes de archivo dan testimonio del patético final del dictador rumano, tras su abortado discurso ante la multitud enfurecida y la atropellada huida del palacio presidencial hacia la muerte.
Catalin Mitulescu ha querido rendir homenaje, con su personal evocación histórica, tanto al valor de los luchadores activos como a la resistencia pasiva de la gran mayoría silenciosa. Pero sorprende, sobre todo, la enorme pericia y sensibilidad con las que ha mostrado, o simplemente sugerido, la penuria económica del régimen, la miseria cultural de la TV oficial, los discursos y cantos patrióticos, los omnipresentes comisarios políticos, los discretos arrestos y públicas autoinculpaciones de los disidentes y los gestos paternalistas del poder.

VANACLOCHA