De una forma directa, manteniendo en todo momento un tono agridulce, esta ópera prima del experimentado realizador televisivo Vincent Garenq aborda el tema de la adopción por parte de las parejas homosexuales (podrían ser igualmente parejas lesbianas) y los problemas que dicha decisión genera como consecuencia de una prohibitiva legislación francesa (como en casi todos los países del mundo), en comparación con el progresismo vigente en España, referencia que los protagonistas de la historia hacen en un momento determinado, ya que les llama la atención por tratarse de un país «con una fuerte tradición beata». Pero como sucede con otras absurdas prohibiciones, la picaresca servirá para sortear los obstáculos legales con la ya clásica figura de la «madre de alquiler».
El relato es muy respetuoso y claro sobre la condición honorable de los homosexuales, además de que aboga por cualquier tipo de familia con el único principio de que sus componentes se tengan afecto y se respeten, incluidas las relaciones con los hijos, algo que encantará a prelados como Rouco Varela o Antonio Cañizares, por citar solamente dos. Pero este nudo principal de Como los demás sirve para establecer una serie de enredos que provocarán vencedores y perdedores, siempre sentimentalmente hablando. De hecho, el film es un poco misógino porque si nos fijamos bien, son los dos personajes femeninos los que salen perdiendo en este terreno: la emigrante argentina (maravillosa Pilar López de Ayala) que en el transcurso de los acontecimientos se enamora, a su pesar, del atractivo homosexual (Lambert Wilson, una estrella en Francia), aunque consiga la nacionalidad y encuentre trabajo, y la esposa de éste (Anne Brochet, que descubrimos en Cyrano de Bergérac, 1990, de Jean Paul Rappeneau), que todavía confía en que su marido, del que sigue enamorada, regrese a casa. Como contraste, la pareja homosexual es la triunfadora, porque tras su reconciliación, uno conseguirá su objetivo, tener un hijo en adopción, y para mayor sarcasmo con semen del otro, bastante reacio a complicarse la vida con un bebé.
El guión de Vincent Garneq está muy medido y no intenta provocar la carcajada, ni mucho menos. En todo caso la sonrisa en algunos momentos y una sensación agria al comprobar la soledad de la muchacha argentina, el personaje más trabajado de la historia gracias a la inteligencia de Pilar López de Ayala, una magnífica actriz que está feliz por haber debutado con una película parisina rodada en francés, y que a poco que nos descuidemos seguirá creciendo como actriz en el extranjero, donde se la van a rifar.
VICENTE |