Helen Hunt, que en 1998 obtuvo el Oscar de Hollywood por su trabajo en Mejor… imposible, de James L. Brooks, ha decidido debutar en la dirección a los 45 años (por cierto, mal llevados porque está bastante envejecida), tras un parón en el mundo del cine durante tres años después de ser mamá. Para ello ha elaborado un guión a partir de una novela de Elinor Lipman de 1990, de la que la actriz / realizadora estaba enamorada. Cuando ella me encontró nos presenta las neuras de una mujer madura obsesionada por quedar embarazada, tras fracasar su matrimonio con un desastroso individuo (Matthew Broderick en plan patoso), fallecer su madre adoptiva y aparecer de repente su madre biológica (una Bette Midler bastante cargante). En ese intervalo se cruzará en su vida un hombre divorciado (el estupendo Colin Firth, un actor todo terreno), que vive con sus dos hijos, la parte más interesante del film.
Con todos estos elementos está servida la típica comedia sentimental que nos habla, una vez más, del tema de la fragilidad de los sentimientos, de las inseguridades y dificultades para hallar la felicidad. El problema es que el film de aire independiente, a pesar de su llamativo reparto, está realizado de una forma muy desaliñada, próxima al telefilm. Además, resulta cargante en el relato la omnipresencia de la religión, en este caso la judía, presidiendo todos los actos, sobre todo en las decisiones para ser madre, ya sea por embarazo natural, fecundación in vitro o adopción. Como anécdota, sale el escritor Salman Rushdie, el de «Los versos satánicos», interpretando a un ginecólogo.
VICENTE |