Kelli Garner, Demetri Martin y Paul Dano en una escena de DESTINO: WOODSTOCK, de Ang Lee.
(2) DESTINO: WOODSTOCK, de Ang Lee
Tres días de paz y paciencia

Presentado en el festival de Cannes de este año, Making Woodstock se inspira en las memorias de Elliot Tiber, protagonista de una sorprendente historia real directamente relacionada con la celebración del mítico concierto de 1969 donde tanto la participación de músicos y cantantes de enorme peso (Joan Baez, The Who, Janis Joplin, Joe Cocker, Arlo Guthrie, Jimi Hendrix, etc.) como la impresionante concentración de espectadores, al igual que las consignas hippies y pacifistas de todo signo contra la guerra de Vietnam, quedaron recogidos por el no menos mítico documental de Michael Wadleigh Woodstock. Una oportunidad magnífica para revisar un tiempo y unos hechos que se pierde, sin embargo, entre las anécdotas de la familia del protagonista y el superficial tratamiento de los organizadores, vecinos o simples espectadores que desfilan por los días de los preparativos y desarrollo del citado concierto. Ni tan siquiera el protagonista, con sus aires de despistado, ni el amigo que ha estado en Vietnam o el agente de seguridad travestido que interpreta Liev Schreiber aparecen dotados de una mínima complejidad. Ni el análisis del impresionante desbordamiento, las reacciones de los lugareños, a pesar de ser declarado “zona catastrófica” y de su proximidad con Nueva York, alcanzan a adquirir la necesaria riqueza.
No obstante, queda el reflejo de ese tiempo y de esa manifestación, la brillante reconstrucción y movimientos de masas (Lee recurre a la división de la pantalla, como ya hacía el film de Wadleigh), y un tono de comedia ácida que logra sugerir en algunas ocasiones la verdadera catadura de los protagonistas, de uno u otro bando, aunque la película no apueste decididamente por un mayor rigor, como si la bondadosa humareda que afecta al policía motorizado hubiera contagiado al equipo del film.

LLORÉNS