El libro presuntamente autobiográfico de Valèrie Tasso (un éxito de ventas) es el origen de esta película rodeada de un inmerecido escándalo por tratarse del típico ejemplo de cine erótico que poco tiene que ver con el propiamente pornográfico, que ya incluye en sus imágenes insertos de genitales, penes erectos, penetraciones y otras prácticas sexuales explícitas. Diario de una ninfómana no es un producto expresamente dirigido a excitar la líbido del espectador/a sino un relato de ficción en el que hay una historia, unos personajes y un epílogo a modo de moraleja que vienen arropados por una foto elegante y una discreta mirada hacia determinadas partes del cuerpo, con sugerentes posturas y simulados acoplamientos.
De la realización se ha encargado Christian Molina, antiguo operador de cámara, con Leonardo Sbaraglia, Ängela Molina y Geraldine Chaplin en papeles secundarios porque la figura central del film está encarnada por la actriz Belén Fabra (Tortosa, 1977) con su estilizada silueta de modelo: alta, delgada, pechos adolescentes y largas piernas. Ella, su personaje, es la encargada de mostrar la vida sexual de la protagonista no sólo a través de sus experiencias en la cama sino también mediante una serie de slogans de filosofía feminista-hedonista elaborados a veces con el regusto amargo del melodrama.
No puede uno, sin embargo, dejar de reconocer los tópicos más característicos del género al asistir a los devaneos de Val, una chica culta y rica obsesionada por el sexo y aguijoneada por la curiosidad, que atraviesa diversas etapas en su devenir existencial: desde la promiscuidad juvenil y el fracaso de una pareja estable hasta la dedicación profesional a la prostitución de lujo, vivencias todas ellas insatisfactorias por culpa, sobre todo, de la maldad masculina, de hombres esclavos de los celos, la infidelidad, las drogas o la violencia.
Diario de una ninfómana defraudará a quienes sólo busquen en el film carne, jadeos y fluidos corporales. También decepcionará a quienes esperen una cierta profundidad reflexiva más allá de los lugares comunes del género, aunque oigamos frases como «el placer es vida», «el cuerpo es un instrumento de comunicación» y «el sexo es un medio de conocimiento de uno mismo y de los demás». O aunque se plantee una vez más el convencional dilema de si es preferible el amor sin dinero o el dinero sin amor. Esta banalidad disfrazada de trascendencia resulta también patente al final, tras las nefastas experiencias de la protagonista, que sigue proclamándose una mujer liberada y dispuesta a correr nuevas aventuras, sin prejuicios. La realidad, no obstante, es mucho más compleja, con factores económicos, psicológicos, fisiológicos, sentimentales, éticos, sociales y familiares que condicionan la praxis erótica de las personas.
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