Omar Sharif y Massimiliano Varriese en una escena de ¡DISPARADME!
(2) ¡DISPARADME!, de Lamberto Lambertini
Nápoles como testigo

Interesante producción italiana, con un atractivo reparto en el que sobresale Omar Sharif, que efectúa una aproximación a la Historia, concretamente a la del Nápoles de Murat, convertido en monarca por su cuñado Napoleón, en los años en que éste había recuperado el poder tras pasar por la isla de Elba, desde una perspectiva más brechtiana que anecdótica, más poética que historicista, cuyo modelo más reconocible reside en el cine de los hermanos Taviani y, en particular, su film Allonsanfan. Un cine culto, sugestivo, dialéctico a la hora de comprender determinados procesos políticos (la situación de Europa y la todavía inalcanzada unidad de Italia, el peso austrohúngaro, los ecos de la revolución francesa y del imperio de Bonaparte) y profundamente humanista a la hora de abordar a los personajes.
Sin embargo, los resultados no acaban de convencer plenamente, sin duda porque tampoco las diferentes piezas, estéticas e ideológicas, logran encajar como debieran. La complejidad de los hechos abordados no se refleja suficientemente en los diferentes conflictos descritos, aunque algunos de ellos se adivinen o se deduzcan más allá del apunte o anécdota mostrados. Incluso la provincia de Nápoles, su pasado y su físico, su cualidad de crisol de intereses, civilizaciones y paisajes, acaba más cerca de la condición de decorado que de determinante y concreto espacio capaz de reflejar las importantes contradicciones de una época.

LLORÉNS