Sharlto Copley en una escena de DISTRICT 9, de Neill Blomkamp.
(3) DISTRICT 9, de Neill Blomkamp
Ghetto alienígena

El debutante sudafricano en el largometraje Neill Blomkamp, apadrinado por Peter Jackson, ha sabido unir con habilidad problemas sociales recientes y actuales de su país, sobre todo centrados en el conflicto del apartheid, con el género de ciencia-ficción. Para ello utiliza diferentes formas narrativas cuyo eje es el falso documental a partir de realities shows, internet, informativos televisivos, imágenes de archivo, entrevistas a testigos, etc. En las primeras escenas, una cámara sigue las explicaciones de un tímido, titubeante y bobalicón oficinista (debut interpretativo de Sharlto Copley, un ejecutivo de la televisión, amigo del director, que no piensa seguir la carrera cinematográfica), empleado en un importante centro oficial de estudios sobre el mundo alienígena, nombrado responsable de desalojar a los pacíficos extraterrestres del Distrito 9 de Johannesburgo, cuando 20 años antes una monumental nave espacial con casi dos millones de tripulantes se quedó “encallada” en el cielo de la ciudad. Este método narrativo de introducirte visceralmente en el relato es el mismo que han utilizado recientemente, con éxito y acierto, Paco Plaza y Jaume Balagueró en Rec y Rec 2, y Matt Reeves en Monstruoso, aunque de forma más artificiosa.
Lo más interesante de Distrito 9, además de la pericia narrativa, es el ensamblaje de los efectos especiales en ese gran decorado natural que son los centenares de chabolas abandonadas, existentes durante el rodaje, situadas en los suburbios de Soweto. Además, con el fondo de la ciencia-ficción, Neill Blomkamp aborda temas como el racismo y la xenofobia, la inmigración ilegal, el problema de los refugiados, el tráfico de armas, el poder militar por encima del poder civil, los negocios de las mafias, etc. El director sudafricano ya rodó en 2005 un cortometraje, Alive in Joburg, en el que encuestaba a habitantes negros de zonas pobres que mostraban su rechazo ante la llegada de inmigrantes de Zimbabwe, también negros, a los que rechazaban y llegaron a matar en gran número. El recurso al gore irónico y el sentido del humor reinante en medio de tanta violencia son otras virtudes. Sin embargo, las casi dos horas de duración del film con demasiados recursos provenientes del videojuego (el origen del film era la adaptación de uno de ellos, Halo), junto a la reiteración de escenas de acción —el protagonista reconvertido en héroe de metal disparando todo tipo de proyectiles— lastran en parte un film que no debe pasar inadvertido para los amantes de la ciencia-ficción.

VICENTE