Dejando atrás la miseria sin bandera, Elías se embarca en un viaje que comienza en el Mediterráneo y tiene por destino París, una pequeña odisea cuyas estaciones no son ciudades sino personas, encuentros, aprendizajes... en un tono que huye del engolamiento, cuya frescura, ligereza y sentido del humor sorprenden y seducen. Edén al Oeste es un cuento contemporáneo, una ficción social más allá del cine político al uso, una estilización de escalas vitales: La primera, un renacer metafórico, para encadenar después una serie de experiencias rotundamente reales, revelaciones al ingenuo que se entrega al mundo por primera vez. Elías comienza desnudo, sin capacidad en ninguna lengua franca, en un camino del que solo conoce el destino final. Como un sincero testigo de la miseria moral de la sociedad desarrollada, sus ojos son el espejo en el que nos reflejamos, su mirada es la que nos retrata certeramente en nuestra podredumbre o esplendor, como individuos o grupo, devolviendo en justa medida lo que recibe en cada caso.
Deslumbrante en su papel, Riccardo Scamarcio protagoniza Edén al Oeste con la sequedad de un pescador viscontiniano, la agilidad de un Chaplin escamoteando un mendrugo y la profundidad serena de un personaje de Costa-Gavras. La expresividad de su cuerpo y su rostro compensan la falta de diálogo y el escaso texto con que se comunica, dominando en todo momento los registros del que se siente extranjero, del extraño que no encaja en los usos y costumbres, pero que cuando cree entenderlos siente el alivio del náufrago rescatado. Costa-Gavras, que fue inmigrante de primera clase, ha aportado, sin embargo, parte de su propia experiencia a Elías: lo que significa sentirse forastero. La desubicación extrema del inmigrante de Edén al Oeste, ilegal y precario, lo enfrenta a no llevar ropa de abrigo en medio de la nieve, pero vestido con la chaqueta heredada de un burgués cautiva a las niñatas y se gana el respeto de los papanatas que antes se tapaban la nariz ante los nuevos esclavos que el sistema económico acuciante pone a su disposición.
Afortunadamente para el sistema, cada vez se escapan más elementos del patio de atrás para convertirse en eslabones sin nombre de la cadena productiva que nos limpian el culo, se dejan follar, se suben a los más altos andamios, se asan en invernaderos... por lo que les dan y sin derechos, porque no existen. Costa-Gavras ha querido transmitir, sin grandilocuencia ni tragedia, que lo que aporta un inmigrante a la sociedad que le acoge no es un drama, sino una nueva vida que vivir en un lugar mejor.
EVA PEYDRÓ |